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Plan México enfrenta un crecimiento de 2% y una economía que produce poco

La columna de Guillermo Knochenhauer advierte que México ha mejorado salarios, pensiones y consumo, pero no logra elevar la inversión productiva ni la productividad. El reto, dice, es romper un patrón de crecimiento improductivo que deja ganancias, pero no capacidades nuevas.
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jueves 1 de octubre de 2026

Mariana Mazzucato presentó el 22 de septiembre en la UNAM sus principales hallazgos y recomendaciones para afianzar la viabilidad del «Plan México», al que fue contratada hace dos años por el gobierno. En el evento estuvieron el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, y el secretario de Hacienda y Crédito Público, Édgar Amador Zamora, junto con investigadores, docentes y alumnos de la Facultad de Economía.

Knochenhauer sostiene que el Plan México es «el primer esfuerzo auténtico y serio de desarrollo» elaborado por gobiernos mexicanos desde hace más de medio siglo. La presidenta Sheinbaum lo presentó en enero de 2025. Según su diagnóstico, el plan define acciones multisectoriales para transformar productivamente sectores estratégicos, con metas de inversiones, empleos, productividad, mejoras salariales y desarrollo regional.

Pero el autor subraya dos límites centrales: la baja recaudación fiscal y una inversión pública que apenas alcanzó 2% del PIB en 2025. A ello suma una estructura productiva donde las microempresas representan el 95.4% de los establecimientos, pero generan sólo 16% del valor agregado, mientras que el 0.2% de las empresas produce 54.3% del PIB, de acuerdo con Mazzucato.

La columna insiste en que el crecimiento no basta si no deja más capacidad productiva. Por eso propone poner atención en las empresas pequeñas, medianas y grandes, que son las que sostienen el crecimiento, el empleo y los salarios en las sociedades desarrolladas. En México, dice, alrededor de 450 mil entidades de clase media operan en un universo empresarial de diez millones de negocios.

El problema, según el texto, también está en el sistema financiero. Cada año, las ganancias bancarias superan el récord anterior; en 2025 alcanzaron 304 mil millones de pesos, a pesar de que el financiamiento otorgado a las empresas fue menor en términos reales, según Mazzucato. El autor atribuye esa paradoja a los altos costos del crédito y a su demanda escasa, lo que implica que una proporción elevada del ahorro nacional administrado por la banca, en su mayoría extranjera, se fuga del país.

Algo parecido, añade, ocurre con parte de la inversión extranjera orientada a exportaciones. Las ventas externas se triplicaron entre 2000 y 2025, pero el PIB nacional no ha logrado superar el 2% anual promedio en el mismo lapso. La razón, afirma, es que esas inversiones no generan encadenamientos con proveedores nacionales ni progreso técnico, y cerca del 85% de los componentes de esas mercancías exportadas desde México son partes importadas.

La lectura de fondo es incómoda para cualquier proyecto que confunda flujo de divisas con capitalización real. México puede presumir transferencias, consumo y una mejor distribución del ingreso, pero si no levanta la productividad y la inversión empresarial, el crecimiento seguirá siendo bajo e improductivo. El mercado ya votó: donde faltan reglas claras para convertir ahorro, crédito y exportaciones en capacidad local, la economía se queda en apariencias.

Capital busca reglas claras. El Plan México, concluye la columna, sólo podrá romper esa trampa si atrae inversionistas verdaderamente emprendedores y si el Estado mejora sus capacidades para ejercer su papel rector. Sin eso, la riqueza circula; la productividad no.

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