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Banxico deja la tasa en 6.50% y pone al peso como fusible frente a la Fed

La Junta de Gobierno mantuvo la tasa objetivo sin cambios y desplazó el foco hacia el traspaso cambiario a la inflación. Si el peso absorbe el ajuste, Banxico gana tiempo; si no, el costo terminará apareciendo en precios y financiamiento.
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jueves 1 de octubre de 2026

El 24 de septiembre, la Junta de Gobierno del Banco de México mantuvo la tasa de referencia objetivo en 6.50% por unanimidad. El comunicado eliminó la referencia a que la postura era adecuada y la sustituyó por una guía condicionada a que continúe la desinflación.

Una semana después de que la Reserva Federal subió su tasa en 25 puntos base, Banxico dejó por escrito que su política no tiene por qué responder de manera mecánica a los ajustes anticipados de la Fed, porque ambas economías están en etapas distintas del ciclo económico.

La lectura central es clara: el banco colocó al tipo de cambio en el centro de su estrategia. La analogía que usa la columna es elocuente: el peso funciona como un fusible en una instalación eléctrica, no para mejorar la conducción, sino para interrumpir el flujo cuando el riesgo se acumula y proteger el resto del circuito.

En lo inmediato, los datos respaldan ese desacoplamiento. La inflación subyacente bajó de 3.95% en la primera quincena de julio a 3.79% en la primera de septiembre; el repunte de la general, de 3.10% a 3.42%, provino por completo del componente no subyacente. Bajo ese marco, la clave no es solo el nivel del peso frente al dólar, sino la velocidad de su movimiento.

En septiembre, el tipo de cambio pasó de cotizar cerca de 16.90 pesos por dólar en los primeros días del mes a cerrar ayer cerca de 18.10 por dólar. Entre participantes del mercado, el nivel implícito en los inventarios de los importadores se ubica cerca de 18.60, y las estimaciones de Finamex muestran que su nivel de equilibrio al cierre del año es cercano a 18.50.

El texto también recuerda que Banxico ha sostenido durante años que el traspaso a precios es bajo y que el trabajo de Capistrán, Ibarra y Ramos-Francia documentó su caída tras la adopción de objetivos de inflación. Pero ese promedio no elimina el riesgo si el tipo de cambio rebasa ciertos umbrales.

Por ahora, la depreciación por sí sola no basta para empujar al banco a una ruta de alzas. Harían falta tres condiciones al mismo tiempo: traspaso a precios, una brecha del producto positiva con presiones de demanda y una inflación al alza con potencial de contaminar las expectativas de largo plazo. Hoy ninguna se cumple plenamente.

La parte incómoda para el mercado es que Banxico no está usando la tasa como herramienta para debilitar al peso. El recorte mayor empinaría la curva de rendimientos, encarecería el financiamiento de largo plazo y aumentaría la presión sobre la postura fiscal. Capital busca reglas claras, y aquí la regla es otra: el banco quiere que el peso absorba el ajuste sin trasladarlo a precios.

Esa apuesta puede funcionar si la holgura sigue conteniendo la inflación de servicios. Si falla, el costo no lo pagará una abstracción técnica, sino el crédito, el margen de las empresas y, en última instancia, el dinero de los contribuyentes cuando el aparato estatal enfrente una economía más cara de financiar.

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