Los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense siguieron al alza y llevaron a la referencia a 30 años a 5.56 por ciento, su nivel más alto desde 2002.
La deuda a 10 años cerró en 5.23 por ciento y la de 5 años en 5.04 por ciento, en una jornada marcada por la narrativa de que la Reserva Federal mantendrá una postura hawkish durante el resto del año, ante la posibilidad de más choques inflacionarios por costos energéticos más elevados.
Matt Wrzesniewsky, director de gestión de carteras de clientes de renta fija en Vanguard, dijo que la venta masiva de bonos a nivel mundial se ha intensificado por datos económicos más sólidos de Estados Unidos, el aumento de los precios de la energía, el elevado nivel de endeudamiento y la renovada preocupación por la inflación.
Joe Mazzola, jefe de estrategia de negociación y derivados en Charles Schwab, señaló que el repunte en los rendimientos parece estar impulsado por un cambio de perspectivas en torno a la política de la Reserva Federal y refleja la incertidumbre global. También advirtió que el aumento de las tasas dificulta que los gobiernos financien los pagos de intereses y que no hay señales de desaceleración económica ni de restricciones en el gasto público que alivien la presión.
Yazmín Matus, subdirectora de mercados de deuda en Valmex Casa de Bolsa, explicó que el movimiento reciente refleja un ajuste en las expectativas de política monetaria ante una inflación que sigue mostrando persistencia y riesgos al alza, especialmente por el incremento en los precios de energía y componentes tecnológicos.
Matus añadió que esto llevó al mercado a incorporar de nuevo la posibilidad de una Fed más restrictiva y tasas altas por más tiempo. En la parte larga de la curva, dijo, también se observa una mayor prima por plazo, porque los inversionistas están demandando mayor compensación para mantener duración ante la incertidumbre inflacionaria y fiscal.
Ricardo Aguilar, economista en jefe de Invex, apuntó que uno de los principales elementos detrás del nivel actual del dólar es el incremento en las tasas de interés en Estados Unidos. Abundó que la Fed ya aumentó su tasa de referencia por primera vez desde 2023 y que la posibilidad de presiones inflacionarias importantes, sobre todo las derivadas del conflicto en Medio Oriente, forma parte de lo que están descontando los mercados.
En materias primas, el petróleo retrocedió después de que Arabia Saudita anunció que aumentó el flujo de crudo por un oleoducto usado como ruta alterna mientras permanece bloqueado el estrecho de Ormuz. El WTI cayó 3.5 por ciento a 89.38 dólares por barril, la Mezcla Mexicana bajó 2.9 por ciento a 94.32 billetes verdes por barril y el Brent cerró con una caída de 2.6 por ciento a 102.59 dólares por unidad.
Brock Weimer, estratega de Edward Jones, dijo que el crudo WTI cayó por debajo de 90 dólares por barril por primera vez desde finales de agosto. Aun así, el nerviosismo sobre energéticos más costosos siguió generando volatilidad en Wall Street, donde el Dow Jones bajó 0.26 por ciento, el S&P 500 cedió 0.17 por ciento y el Nasdaq perdió 0.09 por ciento.
Rolando Rogers, portfolio manager de Fintual, sostuvo que, aunque el aumento del riesgo geopolítico ha generado volatilidad en el corto plazo, ha tenido poco impacto en la bolsa, donde han primado los buenos resultados corporativos, especialmente de las compañías tecnológicas americanas.
En México, el S&P/BMV IPC subió 0.26 por ciento y el FTSE-BIVA avanzó 0.36 por ciento.
La lectura de fondo es clara: cuando sube la tasa larga, sube el precio de financiar el futuro con deuda. Eso castiga a quien depende del crédito y premia a quien llega con caja, disciplina y balance sano.
También deja una señal incómoda para el aparato estatal: sin ajuste del gasto público, la cuenta de intereses pesa más. Capital busca reglas claras, pero también cuentas públicas que no trasladen el costo de la indisciplina a los contribuyentes.



