MS NOW, CNN y Politico dijeron que sus periodistas fueron impedidos de entrar a los terrenos de la Casa Blanca el sábado, un día después de que Donald Trump anunciara que los vetaba por su cobertura.
CNN afirmó que sus reporteros fueron denegados el acceso a la Casa Blanca. MS NOW dijo que su periodista Akayla Gardner y un fotógrafo fueron rechazados al llegar a trabajar, mientras que Politico informó que el Servicio Secreto negó la entrada a Cheyenne Haslett y le confiscó el pase de acceso.
Trump dijo el viernes en Truth Social que prohibía a MS NOW, CNN y Politico por lo que calificó como «fiction and lies». Más tarde, en el Despacho Oval, sostuvo que la medida respondía a «cumulative stories» de esos tres medios. También dijo que valía la pena señalarlo aunque la iniciativa no resistiera en los tribunales.
Las reacciones fueron inmediatas. CNN dijo que continuará informando sobre las acciones y procesos de esta administración «without fear or favor» y calificó la medida como un ataque ilegal a su derecho constitucional. MS NOW afirmó que la Casa Blanca «belongs to the American people» y que las decisiones dentro del edificio se financian con «our tax dollars»; además, dijo que tomará «any and all steps necessary» para defender sus derechos de la Primera Enmienda. Politico, por su parte, aseguró que defenderá vigorosamente sus derechos y respaldó a Haslett.
La Casa Blanca remitió a CNBC a los comentarios de Trump del viernes. En paralelo, Arthur Spitzer, abogado de la American Civil Liberties Union, dijo a CNBC que el movimiento de Trump es probablemente inconstitucional porque discrimina contra medios que no le gustan por cómo cubren las noticias.
El episodio deja algo más que una pelea con tres redacciones. Pone sobre la mesa hasta dónde puede llegar el poder presidencial para restringir el acceso a un espacio donde se toman decisiones que, según MS NOW, se financian con dinero de los contribuyentes. Si el criterio para abrir o cerrar la puerta es la cobertura periodística, el costo institucional es claro: menos transparencia, más discrecionalidad y un precedente riesgoso para la libertad de prensa.
Para el mercado de ideas, y para cualquier sistema que valore reglas claras, el mensaje importa tanto como el hecho. La prensa no depende de que un gobierno apruebe sus titulares para hacer su trabajo. Cuando el Estado castiga la cobertura, no solo aprieta a tres medios; también erosiona la confianza en el acceso a la información pública.



