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China amortiguó el golpe del petróleo y evitó un salto mayor en los precios

Las reservas acumuladas por Beijing y el recorte de sus importaciones ayudaron a suavizar la demanda global tras la guerra de Trump contra Irán. El mercado del crudo sigue bajo tensión, pero el peor escenario de un salto descontrolado aún no se ha materializado.
Imagen generada con IA
domingo 20 de septiembre de 2026

La guerra lanzada por Donald Trump contra Irán a finales de febrero encendió alarmas en los mercados energéticos. Analistas advirtieron que los precios del petróleo podían más que duplicarse en un conflicto prolongado y recomendaron a inversionistas y conductores prepararse para una ruta accidentada.

Seis meses después, la volatilidad sigue presente, pero las proyecciones más alarmantes no se han cumplido. En ese resultado aparece un factor central: China.

Xi Jinping, que realizará una visita de Estado a Washington la próxima semana, podría argumentar que la estrategia energética de su país ayudó a amortiguar el impacto. Beijing invirtió años y miles de millones de dólares para acumular la mayor reserva de petróleo del mundo, con alrededor de unos mil 400 millones de barriles a finales del año pasado, según estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Esa capacidad de almacenamiento permitió a China, el segundo mayor consumidor de petróleo del mundo y el principal comprador de Irán, recortar drásticamente las importaciones de crudo cuando Estados Unidos e Israel iniciaron sus bombardeos y Teherán cerró de facto el estrecho de Ormuz. A eso se sumó el giro de los últimos años hacia los vehículos eléctricos y otras alternativas energéticas.

El efecto no se quedó en Beijing. La reducción de las compras chinas alivió la demanda global y suavizó la presión alcista sobre los precios para Estados Unidos, Europa y el resto del mundo. Mark Montgomery, analista de la Foundation for Defense of Democracies, dijo que los chinos «merecen reconocimiento» porque hicieron en 10 años lo que a Estados Unidos le tomó 25 tras la crisis petrolera de 1973.

Aun así, la calma es frágil. En este mes, ataques de milicias respaldadas por Irán llevaron a Arabia Saudí a cerrar temporalmente un oleoducto clave hacia puertos en el mar Rojo. Los rebeldes hutíes de Yemen tomaron dos islas estratégicas en el sur del mar Rojo y reforzaron su capacidad para cortar una ruta marítima clave. Además, se suspendieron conversaciones sobre la reapertura del estrecho de Ormuz.

Bank of America estimó la semana pasada que el petróleo estará en 83 dólares por barril en la segunda mitad del año, por interrupciones más persistentes en Ormuz. Si la violencia se intensifica, el barril podría subir a entre 95 y 120 dólares, y hasta 150 dólares si hay daños a infraestructura energética clave.

El Brent rondó los 69 dólares por barril de media el año pasado y ahora se sitúa en torno a 100. El mercado ya votó: la contención china ayudó a evitar un shock mayor, pero la factura sigue dependiendo de una geopolítica que castiga el flujo libre de energía y premia a los países que sí invierten en seguridad de suministro.

Para el contribuyente y el consumidor, el mensaje es claro: cuando un conflicto amenaza la oferta, no hay sustituto para reservas, disciplina y reglas claras. La economía global paga menos cuando los países se preparan y más cuando la política exterior convierte al petróleo en arma. China capitalizó esa lógica; el resto del mundo apenas ganó tiempo.

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