Scott Galloway, profesor de marketing en NYU Stern, dijo en el pódcast «The Prof G Pod» que vendió todas sus acciones cuando Donald Trump ganó las elecciones de 2016 y que esa reacción emocional le costó cerca de 40% de su patrimonio líquido en acciones.
Galloway calificó la jugada como su «biggest investment mistake» y advirtió a los oyentes sobre dejar que las emociones dominen las decisiones de inversión. «So when he was elected in 2016, I sold all my stocks», dijo. «That was stupid. The market ripped for the next year. There was so much insecurity about him actually winning that the fear had been priced in. Stocks ripped up».
El académico añadió que la venta también activó impuestos sobre ganancias de capital y que, cuando volvió al mercado unos seis meses después, las acciones ya habían subido entre 10% y 20%. «So you could argue, at least notionally, that decision cost me 40% of my liquid net worth in stocks», dijo.
La lectura política llegó desde la Casa Blanca. Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, dijo a Fox News Digital que la crítica de Galloway a Trump reflejaba lo que describió como un «Trump Derangement Syndrome» y afirmó que el profesor debería buscar ayuda psiquiátrica.
El episodio deja una lección incómoda para cualquier inversor: vender por impulso tras un shock político puede salir muy caro. En este caso, Galloway no habló de una teoría abstracta, sino de una pérdida concreta en su propio patrimonio.
También deja una señal clara sobre el costo de abandonar el mercado por nervios políticos. Cuando un inversor convierte una reacción emocional en una orden de venta, el precio no solo lo pone la cotización; también lo ponen los impuestos y el rebote que llega después.
Para los mercados, la historia recuerda algo elemental: el capital castiga la impulsividad. Para el lector, la moraleja es más simple todavía: la disciplina vale más que el sobresalto, sobre todo cuando la política intenta imponerle ritmo al dinero.

