Paulina Núñez, presidenta del Senado y militante de Renovación Nacional, abrió la puerta a una eventual candidatura presidencial en 2029. Consultada sobre esa posibilidad, respondió que «no lo descarto» y luego reiteró que «no le cierro la puerta».
En una entrevista con Súbela, la parlamentaria por la Región de Antofagasta sostuvo que todavía es prematuro hacer definiciones sobre su futuro político. «Falta todavía tanto, que adelantar ese análisis, esa reflexión...», afirmó, al tiempo que remarcó que en política «la mejor campaña es la pega bien hecha».
Núñez defendió además la importancia de la trayectoria antes de aspirar a La Moneda. «Cuando uno llega a La Moneda no llega a improvisar. Se requiere experiencia, oficio», señaló, y agregó que está enfocada en ejercer «de la mejor manera posible» la Presidencia del Senado.
La senadora también vinculó cualquier eventual candidatura con una decisión de RN. «Si el día de mañana RN así lo estima, lo mínimo que yo puedo hacer es estar preparada para eso», dijo, al recalcar que milita en el partido «la mitad de mi vida».
Más tarde, en una entrevista con 24 Horas, abordó un escenario presidencial en el que compitieran Michelle Bachelet, Evelyn Matthei y ella. Allí sostuvo que hace años habría sido «impensado» ver a mujeres evaluadas para conducir el país, pero valoró que hoy esa posibilidad exista.
El dato político de fondo es simple: Núñez no se lanzó, pero tampoco cerró la puerta. Y en un escenario donde RN deberá ordenar sus apuestas, su nombre quedó instalado como una opción que depende tanto de su propio capital político como de la definición partidaria.
Para el mercado y para el país, la señal relevante no es la especulación prematura, sino la idea que repitió varias veces: a La Moneda no se llega a improvisar. Ese principio vale más que un gesto de coyuntura. En tiempos de ruido político, la señal de oficio importa porque recuerda que gobernar exige reglas claras, experiencia y disciplina, no solo entusiasmo electoral.
También hay un mensaje sobre incentivos: cuando una dirigente pone por delante la pega hecha y la experiencia, el debate se mueve desde la ambición personal hacia la capacidad real de administrar poder. Ese es el estándar que debiera exigir cualquier elector que cuide la estabilidad institucional y el margen de maniobra del próximo gobierno.



