La inflación de precios al consumidor y al productor volvió a colocarse en el centro de la discusión sobre la Reserva Federal. Los datos publicados mostraron cifras mayores a las estimaciones y, lejos de apuntar a un descenso, sugieren que la inflación sigue acelerándose.
La inflación al consumidor se ubicó en 3.7 por ciento, por encima del dato previo, impulsada por los energéticos. La inflación subyacente, que excluye elementos volátiles como la gasolina, también sorprendió al alza y llegó a 2.6 por ciento. Además, la cifra mensual de inflación subyacente suma dos meses consecutivos al alza y, en los últimos once meses, promedia 2.6 sin una tendencia desinflacionaria clara.
En los precios al productor, la inflación subyacente se situó en 5 por ciento, con una aceleración desde marzo. Para la columna, esas presiones eventualmente se transferirán al consumidor. Con ese cuadro, sostiene que hay razones suficientes para seguir restringiendo las condiciones monetarias.
El debate llega justo antes de la reunión de la Fed del 28 de octubre. Warsh ha insistido en que el compromiso es llevar la inflación al objetivo de 2 por ciento de manera oportuna, meta que no se ha logrado en los últimos cinco años. También ha reiterado que la principal herramienta de política monetaria es la tasa de interés.
Aun así, las tasas implícitas del mercado esperan una pausa en octubre. La columna menciona varias lecturas: la cercanía de las elecciones intermedias, la idea de un choque de oferta ligado a Medio Oriente, el argumento de que el grueso de los precios muestra una inflación anual inferior al 2 por ciento, y el dato de empleo de septiembre, que fue decepcionante con la creación de solo 29 mil puestos de trabajo.
Warsh ha desestimado los datos puntuales y prefiere mirar la tendencia. Después de las declaraciones de Williams y Jefferson sobre la ausencia de urgencia para subir de nuevo tras el alza de septiembre, el mercado diluyó la posibilidad de ajustes consecutivos. Williams, presidente de la Fed de Nueva York, suele reflejar el consenso del comité, según la columna.
Si la Fed deja la tasa sin cambio en octubre, aun con una pausa ya descontada, será leído como una postura menos restrictiva. El punto de fondo es que, si la autoridad monetaria está inconforme con la trayectoria de la inflación, debería hacer los ajustes necesarios. No hacerlo tendría un costo.
La lección es simple: cuando la inflación no cede, la disciplina monetaria no puede depender de la comodidad política ni de la lectura corta del mercado. La Fed se comprometió a defender la estabilidad de precios; ahora debe demostrarlo incluso cuando actuar resulte incómodo. Capital busca reglas claras, y los contribuyentes pagan el precio de cada retraso en la corrección.



