La semana pasada, el gobierno presentó la reforma al mercado de capitales, conocida como MK4, con cerca de 30 medidas destinadas a reducir fricciones, aumentar la liquidez y ampliar las fuentes de financiamiento. La iniciativa apunta a un problema real: Chile sigue teniendo uno de los mercados financieros más desarrollados de la región, pero ya no con la misma profundidad ni liquidez de antes.
Los retiros previsionales redujeron fuertemente el ahorro institucional. El mercado bursátil lleva años sin nuevas aperturas. Y una parte importante de la regulación quedó atrasada respecto de cómo funcionan hoy los mercados financieros. En ese contexto, un mercado de capitales menos profundo se traduce en créditos hipotecarios más caros, menos alternativas de financiamiento para las empresas y una mayor dependencia del ahorro externo.
La reforma intenta responder a esa pérdida de profundidad con instrumentos concretos. En vivienda, crea el Fondo Nacional de Vivienda, administrado por BancoEstado, que comprará créditos hipotecarios, liberará capital a los originadores y buscará trasladar un menor costo de financiamiento del Estado a los deudores. Además, incorpora un ahorro voluntario para la vivienda que permitirá a quienes ahorren al menos 7% del valor de su primera vivienda recibir una bonificación estatal de 3%, para propiedades de hasta UF 6.000.
El objetivo es facilitar tanto el acceso al crédito como la acumulación del pie. Pero el propio diseño muestra el límite de la política pública cuando se concentra en la demanda. Si una parte importante del problema habitacional está en la escasez de suelo disponible, en permisos lentos y en una oferta poco elástica, aumentar la demanda sin destrabar la oferta puede terminar trasladando parte del beneficio a mayores precios. Por eso, estas medidas dependen críticamente de cambios sustantivos en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones y de una verdadera agilización de permisos.
También hay avances en financiamiento empresarial. La propuesta crea un segmento junior de bolsa para empresas innovadoras, de crecimiento y exploración minera, junto con un régimen simplificado de minibonos para empresas medianas. Corrige, además, distorsiones tributarias y regulatorias que hoy dificultan emitir e invertir en Chile. Son cambios razonables, sobre todo para empresas que siguen dependiendo casi exclusivamente de la banca o del financiamiento privado.
Donde la reforma aparece más corta es en la ambición de convertir a Chile en un centro financiero regional. Las medidas se concentran principalmente en eliminar barreras de entrada. Pero facilitar que un inversionista extranjero compre activos en Chile no equivale a convertir al país en el lugar desde donde se administra capital para toda la región.
Ese es el punto de fondo. Capital busca reglas claras, pero también escala, profundidad y una regulación que no llegue tarde. Si la MK4 logra reconectar el ahorro con nuevas oportunidades de inversión, el retorno para empresas y familias puede ser relevante. Si no se acompaña de una agenda más dura en permisos, suelo y competencia financiera regional, el impulso quedará a medio camino.