Javier Milei consiguió sus primeros acuerdos de palabra con gobernadores y el Gobierno ya trabaja en una negociación política para bajar impuestos, según la reconstrucción de las conversaciones en la Casa Rosada. La estrategia apunta a convencer al mercado de que el oficialismo tiene condiciones para sostener el rumbo económico.
El eje de la movida es político. Luis Caputo dijo en reuniones privadas que el Gobierno desplegó «todos los recursos y políticas» a su alcance para convencer al mercado y que ahora «es el turno de la política». En ese marco, la administración libertaria busca construir una alianza amplia «del centro hacia la derecha» que permita dar señales de continuidad al modelo macroeconómico nacional.
La semana pasada hubo los primeros encuentros con mandatarios provinciales y, según los negociadores políticos de la Casa Rosada, el «combo de los votos de los gobernadores está sólido» y se alcanzaron «acuerdos de palabra» con varios de ellos. También dijeron que falta «un cierre político» para ordenar las conversaciones.
Entre los puntos en discusión aparece una modificación de la Reforma Política que incluiría una boleta por espacio político máximo. Además, Diego Santilli volvió del Argentina Week con la misión de tratar de cerrar los acuerdos políticos que, a su vez, permitan aprobar la Reforma Política y suspender las PASO.
La negociación también tiene una dimensión fiscal. El Gobierno pretende que algunos gobernadores garanticen un camino desregulador y de baja de impuestos para sus provincias. En un plenario en Tigre, Martín Menem dijo: «Sería mucho más fácil avanzar y cerrar acuerdos rápidamente con cuanto gobernante se nos cruza, pero si queremos que esto dure y perdure en el tiempo, lo que tenemos que hacer es tener agendas programáticas similares. Bajar impuestos, seguir desregulando, seguridad jurídica, previsibilidad, no cambiarle las reglas a la gente».
El propio texto de la negociación deja una señal clara: el oficialismo intenta transformar respaldo político en menor presión tributaria y más previsibilidad para el capital. En términos de mercado, eso importa más que cualquier gesto discursivo. Capital busca reglas claras.
También aparece un mensaje hacia adentro. En la Casa Rosada sostienen que no hay ninguna posibilidad de que se cuestione la continuidad de Caputo, aunque en los pasillos se multiplicaron las suspicacias por sus ausencias y apariciones públicas. El ministro, dicen en su entorno, está convencido de que el mercado ya recibió las señales económicas disponibles y que ahora debe entrar en juego la política.
La apuesta tiene lógica. Si el Gobierno no logra mostrar una continuidad creíble del rumbo, el mercado se volverá más conservador y el flujo de inversión quedará frenado por la incertidumbre electoral. En cambio, una señal de orden político, menos burocracia y menos impuestos puede mejorar el margen para que el capital vuelva a moverse.


