En enero de este año, México impuso aranceles a más de mil productos de países con los que no tiene un tratado de libre comercio. Jorge Guajardo sostiene que la medida fue una forma sutil de detener importaciones chinas sin señalar a Pekín por su nombre.
La lectura cambia cuando se mira el impacto sobre la industria local. Guajardo afirma que México actuó a solicitud de su industria y sus trabajadores, ante el temor de que las exportaciones chinas de su sobrecapacidad instalada terminaran desindustrializando sectores enteros del país. El punto no es menor: para una economía que depende de cadenas manufactureras, dejar correr importaciones subsidiadas equivale a abrir la puerta a cierres, pérdida de empleo y menor capitalización productiva.
El exembajador de México en China remarca que China pasó de exportar un millón de autos en 2020 a lo que se proyecta sean 12 millones de autos en 2026. Al mismo tiempo, las ventas nacionales de autos en China cayeron 23 por ciento del primer trimestre de 2025 al primero de 2026. Guajardo sostiene que, frente a ese exceso de oferta, las armadoras chinas buscaron mercados extranjeros para colocar su sobreproducción.
En su diagnóstico, el mecanismo es conocido: vender por debajo de precio, con subsidios de su gobierno y la ayuda de una moneda artificialmente devaluada, para que sean otros países los que tengan que cerrar sus plantas y despedir a sus trabajadores mientras China protege los suyos. Esa lógica, dice, explica por qué México pasó en un año de ser el principal destino de exportación de autos chinos a ser el cuarto.
También menciona que esto ayuda a la industria automotriz mexicana y, quizás más importante, a la de autopartes, que en muchos casos está en manos de mexicanos. La decisión, agrega, se inscribe en la misma reacción que tomaron Brasil y Rusia al imponer aranceles a China.
Guajardo vincula la discusión con Estados Unidos y la Unión Europea. Recuerda que Washington impuso aranceles agresivos a las importaciones chinas y que Europa enfrenta hoy el mismo desafío. Cita además que Alemania está perdiendo 10 mil empleos al mes a causa de las importaciones chinas y que la Unión Europea se puso una fecha límite de la primera quincena de octubre para darle un ultimátum a China.
La conclusión para el lector es incómoda pero simple: cuando el aparato estatal no defiende a tiempo su base industrial, termina subsidiando la estrategia de otro país. México, al menos en este caso, optó por recuperar margen de maniobra y proteger su mercado interno. Capital busca reglas claras; sin ellas, la inversión se mueve donde la política industrial ya fue decidida por otros.



