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Más gasto, menos valor: las señales de que el software ya no rinde

Empresas siguen pagando por herramientas que apenas usan o ya sustituyeron con hojas de cálculo y procesos manuales. La advertencia es clara: si no mejora márgenes, ciclo o riesgo, el software se convierte en costo muerto.
Imagen generada con IA
miércoles 16 de septiembre de 2026

Cada vez más empresas arrastran una pila creciente de software como servicio para sostener equipos, flujos de trabajo y operaciones diarias. El problema aparece cuando el gasto se mantiene por inercia y ya nadie verifica si esas herramientas siguen justificando su costo.

La señal más evidente, coinciden varios miembros del Forbes Technology Council, es la caída del uso. Patrick Pugh, de PwC, dijo que hay una alerta cuando solo unos pocos usuarios intensivos siguen activos, pero la factura no cambia y el contrato sigue renovándose automáticamente. Josh Dunham, de Reveel, apuntó que otra señal es la menor adopción: menos empleados inician sesión, hablan de la plataforma o la usan en sus tareas diarias.

Brian Greenberg, de RHR International, fue más directo: «La mayoría de las compañías paga por software que nadie abre». Propuso revisar logins reales y no asientos comprados, porque la brecha revela dónde falló la adopción. En su visión, ese reporte reduce de inmediato los costos de licencia y muestra si la herramienta era incorrecta para el trabajo o si la implementación fue deficiente.

El patrón se repite cuando los equipos ya no confían en el flujo de trabajo y empiezan a exportar datos, usar hojas de cálculo o crear procesos paralelos. Brian Harmison, de Corsica Technologies, sostuvo que en ese punto el software ya no entrega el resultado de negocio para el que fue comprado. Michal Rahamim, de Liberty Pixel, añadió que vale la pena preguntarse qué se rompería si la herramienta desapareciera mañana; si la respuesta no está clara, el valor probablemente ya se perdió.

También hay una advertencia más simple: el activo sigue en la pila tecnológica, pero ya no forma parte del trabajo diario. Nikita Gupta, de Symba, dijo que los líderes deben mirar más allá de las métricas de ingreso y medir resultados de negocio, adopción de funciones y satisfacción del cliente durante todo el año, no solo antes de renovar.

Srinivas Mukkamala, de Securin Inc., recomendó nombrar primero el resultado que se busca mover: margen, ciclo o riesgo. Según él, el uso por sí solo es una bandera roja. Philip Ellis, de chrt, alertó que seguir pagando por una tecnología que la organización ya superó ocurre cuando hay caída de utilización, más atajos y ausencia de vínculo con resultados medibles.

La lección para las empresas es incómoda pero útil: capital inmovilizado en software improductivo es dinero que no vuelve a la operación. En un entorno donde la productividad y el margen importan más que la acumulación de licencias, revisar cada renovación debería ser una disciplina financiera, no una rutina administrativa.

El mercado ya votó. La tecnología que no aporta valor medible deja de ser una ventaja y pasa a ser burocracia digital. Para el contribuyente corporativo, si se acepta esa inercia, el costo termina escondido en margen más bajo y en una inversión que no rinde. Capital busca reglas claras, y una de ellas es sencilla: pagar solo por lo que realmente mueve el negocio.

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