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Chile prueba su primer dron VTOL y busca reducir su dependencia de China

El prototipo, fabricado en Chile por Inacap y Enaer, hará su vuelo de prueba en Renca tras 10 meses de trabajo. Defensa lo ve como un paso hacia una industria local capaz de asegurar autonomía operativa y de compra.
lunes 14 de septiembre de 2026

Chile dará el lunes 21 de septiembre un paso concreto en su carrera por los drones. En los cielos de Renca, sobre el campus de Inacap, probará su primer prototipo VTOL, un dron de despegue y aterrizaje vertical capaz de volar como un avión.

El aparato fue fabricado totalmente en Chile mediante una alianza entre la industria militar, en este caso la FACH, y centros de estudios superiores. Tiene capacidad de carga de nueve kilos y fue diseñado y construido por Inacap y Enaer en el marco del proyecto «Drones para Chile», anunciado el 25 de noviembre pasado.

La apuesta no es menor. El Ministerio de Defensa y las ramas de las Fuerzas Armadas buscan desarrollar una industria local en vehículos no tripulados con capacidades operativas, para asegurar independencia en medio del complejo escenario geopolítico actual. En Defensa sostienen que se trata de una prioridad estratégica.

El contexto ayuda a explicar la urgencia. Varios exministros de Defensa y seis excomandantes en jefe de la Armada han expresado la necesidad de fortalecer las capacidades disuasivas de Chile tras declaraciones de autoridades argentinas que pusieron en duda el control y soberanía sobre el Estrecho de Magallanes. A eso se suma el rearme de países vecinos como Argentina y Perú, que recientemente adquirieron F-16 y blindados con apoyo de Estados Unidos.

La guerra moderna también cambió el mercado militar. Ucrania e Irán mostraron el peso de los drones de bajo costo frente a potencias con equipos de alta tecnología y costos millonarios. Según el presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, Rusia fabricaba cerca de 500 drones Geran al día y ya había lanzado más de 57 mil desde la invasión de 2022.

En la región, Chile aparece rezagado. Colombia, Brasil y Argentina han avanzado más rápido en una industria local de drones. Y Bolivia firmó en julio de 2023 un memorándum con Irán que incluía la entrega de vehículos no tripulados, una señal que generó preocupación en Chile y Argentina.

La dependencia externa es otro problema. Más del 90% de los drones que vuelan en Chile son fabricados en China. En agosto pasado, China impuso restricciones para vender drones y suministros a empresas estadounidenses, en respuesta a sanciones arancelarias del gobierno de Trump. Washington respondió prohibiendo la compra de naves no tripuladas de uso dual fabricadas por DJI y presiona a sus aliados para seguir ese camino.

A fines del gobierno pasado, Defensa emitió una directiva secreta a las ramas de las Fuerzas Armadas para fijar lineamientos de una política militar en materia de drones. El mandato apuntaba a asegurar capacidad de adquisición, modificación y, sobre todo, fabricación local de vehículos no tripulados. También contemplaba desarrollar capacidades para destruir drones enemigos.

La señal fue reafirmada por el gobierno de José Antonio Kast. El 2 de septiembre, en sesión secreta ante la Comisión de Defensa del Senado, el ministro Fernando Barros y el subsecretario de Defensa, Rodrigo Álvarez, expusieron una actualización del programa de inversiones de la cartera. Varias fuentes consultadas para este artículo señalaron que el tema de los drones estaba entre las prioridades.

Los números primero. Si Chile logra convertir este prototipo en una capacidad industrial, reducirá su exposición a proveedores externos y a restricciones de compra que ya están tensionando el mercado global. Capital busca reglas claras.

También está en juego algo más básico que la tecnología. Está en juego la autonomía de decisión de un país que no puede depender de terceros para una capacidad estratégica. Cuando el aparato estatal invierte en producción local y no solo en compra externa, el beneficio es doble: más soberanía y menos vulnerabilidad frente a la burocracia extranjera.

El mercado ya votó. En defensa, como en cualquier industria, quien no innova queda atrás. Y en este caso, quedarse atrás significa perder independencia operativa en un entorno donde la seguridad, la propiedad y el control del territorio no admiten improvisación.

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