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ISA: la politización le costó gobierno corporativo y el mercado ya votó

Bernardo Vargas Gibsone dijo que se retiró de la compañía porque la compra por Ecopetrol iba a politizar a ISA y deteriorar su gobierno corporativo. También recordó que la acción de ISA rebotó en los últimos meses, mientras Ecopetrol cayó después de la venta.
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domingo 20 de septiembre de 2026

Bernardo Vargas Gibsone, expresidente de ISA, sostuvo que salió de la empresa porque no estuvo de acuerdo con la compra por parte de Ecopetrol. Afirmó que esa operación iba a politizar una compañía que durante 50 años había estado lejos de la política y con un gobierno corporativo «realmente modelo» para una empresa mixta.

Vargas Gibsone dijo que el cambio se complicó desde entonces y que tuvo impacto sobre la gente y la cultura. A su juicio, la decisión fue tomada exclusivamente entre el Ministerio de Hacienda, el Gobierno central y Ecopetrol, sin participación de la administración ni de la junta de ISA en el momento del anuncio.

También afirmó que la narrativa oficial para la compra era que ISA sería un brazo para fortalecer el concepto de energías renovables para Ecopetrol, pero consideró que esa historia era «muy ajena y difícil de argumentar». Recordó que ISA no era una empresa generadora y que ya era reconocida por transportar energía verde.

Sobre los resultados, señaló que ISA se ha movido «relativamente bien» desde el punto de vista financiero, con crecimiento en el negocio de transporte de energía en Brasil, varias convocatorias ganadas y la compra de una autopista en Panamá. Añadió que ve con satisfacción que la acción, después de muchos años quieta, rebotó con todo el mercado y lo ha hecho bien en los últimos meses.

En su lectura, la transacción no le agregó nada a ISA. Dijo que la empresa venía creciendo tranquilamente, que nunca necesitó capital ni se sobreendeudó, y que siempre tuvo calificaciones de primera ante la banca internacional. También afirmó que Ecopetrol no le aportaba ventajas a ISA y que, por el contrario, le traía un desmedro en su gobierno corporativo.

El caso deja una señal incómoda para el mercado: cuando el aparato estatal mete la mano en empresas que funcionaban con reglas claras, el costo no siempre aparece en el día uno, pero sí termina reflejándose en el gobierno corporativo y en la confianza. Capital busca reglas claras, no narrativas políticas.

Y el mercado ya votó con su propia vara. Si ISA avanza cuando opera con disciplina empresarial y no con agenda del poder, el mensaje es simple: la libre empresa genera valor cuando el Estado deja de querer dirigirla desde arriba.

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