El Fondo Monetario Internacional recortó sus proyecciones para Colombia y ahora espera que el PIB crezca 2,2% en 2026 y 2,3% en 2027, por debajo de las estimaciones anteriores de 2,3% y 2,5%, respectivamente. La revisión implica un ajuste de 0,1 puntos porcentuales para 2026 y de 0,2 puntos para 2027.
Pese al recorte, el organismo todavía proyecta expansión en ambos años. En 2026, Colombia crecería más que Argentina, México, Uruguay y Chile, aunque Brasil tendría el mismo crecimiento que el país. Para 2027, la economía colombiana avanzaría 2,3%, por encima de Brasil y México, pero por debajo de Argentina, Perú, Chile, Ecuador y Uruguay.
La señal de alerta no viene solo por el lado del crecimiento. El FMI calcula que la inflación promediaría 6% en 2026 y 5,7% en 2027. Además, el desempleo subiría de 8% en 2025 a 9% en 2026 y a 10% en 2027. Es decir, la mejora del PIB sería modesta y vendría acompañada de un mercado laboral más frágil.
El propio FMI advierte que la política monetaria debe centrarse en la estabilidad de precios y que la interacción de mayores costos de financiación con niveles elevados de deuda expone una vulnerabilidad clave. En paralelo, el Banco de la República mantiene su tasa de interés en 12,25% tras aumentarla 275 puntos básicos entre enero y junio y otros 25 puntos en septiembre.
El contexto interno tampoco ayuda. Según el marco presentado por el Emisor, el aumento de los costos laborales, el gasto público, el consumo privado y los problemas de oferta de alimentos han presionado los precios. Durante el primer semestre de 2026, la demanda interna creció a tasas superiores a 3,5%, mientras que el PIB avanzó 2,9%.
En las cuentas externas, el deterioro también sigue en el radar. El FMI estima que el déficit de cuenta corriente pasará de 2,4% del PIB en 2025 a 2,6% en 2026 y a 3,4% en 2027. En el segundo trimestre de 2026, ese rojo llegó a US$4.702 millones, equivalente a 3,5% del PIB trimestral.
La lectura para el mercado es clara: Colombia todavía crece, pero lo hace con menos impulso, más inflación y más desempleo. Cuando el aparato estatal empuja el gasto y la demanda interna corre por encima de la producción, el resultado suele ser menos productividad y más presión sobre precios, tasas y cuentas externas.
El mercado ya votó con cifras más frías que el discurso. Si la inflación sigue lejos de la meta y el crédito permanece caro, el capital va a exigir más retorno para quedarse. Y sin reglas claras, el costo no lo paga solo la macro: lo termina absorbiendo el empleo formal y la inversión privada.


