Édgar Chalhoub Succar fue designado nuevo presidente de Finagro por la junta directiva del Fondo para el Financiamiento del Sector Agropecuario, entidad encargada de canalizar recursos de crédito, garantías e instrumentos de financiación para el campo colombiano.
Chalhoub reemplaza a Ricardo Morris Sarmiento, quien estaba como encargado desde agosto de 2026 y seguirá en la entidad como vicepresidente financiero. El nombramiento llega en un momento en el que el sector agropecuario enfrenta los efectos del fenómeno de El Niño y avanza una transformación del Sistema Nacional de Crédito Agropecuario, liderada desde el Ministerio de Agricultura.
El nuevo funcionario tiene más de dos décadas de experiencia como gerente general y presidente ejecutivo de compañías de la agroindustria exportadora de flores, banano y aguacate. Su trayectoria incluye dirección de empresas en Colombia, Ecuador y Panamá, además de estructuración financiera y expansión de negocios. Antes de llegar a Finagro, se desempeñaba como CEO de South American Fruits y durante más de una década fue presidente ejecutivo de Banasan.
Chalhoub dijo que buscará fortalecer el papel de Finagro como fuente de financiación para aumentar la productividad del campo y respaldar el crecimiento de la agroindustria. «Finagro tiene que ser el motor financiero de un campo que produce más y mejor», afirmó. También señaló que trabajará con bancos, cooperativas y gremios para acelerar la inclusión financiera, la re-bancarización, la transformación productiva y el crecimiento de la agroindustria.
Entre sus prioridades está la simplificación del crédito agropecuario para facilitar el acceso de los productores a recursos de financiación. Además, pretende fortalecer el Fondo Agropecuario de Garantías, ampliar las líneas de financiación de largo plazo y diseñar instrumentos más flexibles, adaptados a los ciclos productivos de las distintas actividades agropecuarias.
A septiembre de 2026, Finagro había desembolsado más de $40,2 billones en crédito de fomento agropecuario a través de bancos y cooperativas. Esa cifra representa un crecimiento real de 7% frente al mismo periodo de 2025 y marca el punto de partida de la nueva administración.
Para el mercado, el dato relevante no es solo el relevo en la presidencia, sino la dirección de la política de financiación rural. Si Finagro logra simplificar trámites, ampliar garantías y destrabar el crédito de largo plazo, habrá más margen para la inversión privada en el campo y menos dependencia de una burocracia financiera que suele encarecer el acceso al capital.
También hay una señal de continuidad: el Estado ya opera un volumen alto de crédito de fomento y ahora el reto es que ese flujo llegue con más eficiencia a productores y empresas. Capital busca reglas claras, pero también instrumentos que respeten los ciclos productivos y no castiguen con rigidez a una actividad expuesta al clima y a la estacionalidad.



