Durante su segundo informe ante el Congreso local, Clara Brugada anunció la creación del Banco de la Ciudad de México, que será el «brazo financiero de la transformación».
«Crearemos el Banco de la ciudad de México, el brazo financiero de la transformación», indicó la jefa de Gobierno.
Brugada también adelantó que presentará un proyecto para construir una banca pública de desarrollo cuya finalidad será «acelerar el crecimiento, la inversión y el emprendimiento».
«Presentaremos un proyecto para construir una banca pública de desarrollo para acelerar el crecimiento, la inversión y el emprendimiento», señaló.
La mandataria agregó que en este proyecto se incluirá a la iniciativa privada y pidió no tener miedo por la propuesta.
El anuncio coloca en el centro una decisión de política económica con efectos potenciales sobre el flujo de capital en la capital del país. Si el objetivo es acelerar inversión y emprendimiento, la prueba no estará en el discurso sino en la capacidad real de esa nueva banca para generar retorno, asignar recursos con productividad y no convertirse en otro intermediario del aparato estatal.
También deja una pregunta de fondo sobre reglas claras para el capital. La iniciativa privada fue mencionada por Brugada, pero el eje de la propuesta sigue siendo una banca pública de desarrollo impulsada desde el gobierno local. En una economía que necesita certidumbre, cualquier nuevo vehículo financiero tendrá que demostrar que suma inversión sin elevar el costo regulatorio ni desplazar al ahorro privado.
Para el lector, el punto no es solo el nombre del banco, sino el principio en juego: si el dinero de los contribuyentes se usará para catalizar proyectos productivos o para agrandar la presencia del Estado en una actividad que, en condiciones de mercado, debería premiar la eficiencia y el mérito. Capital busca reglas claras. Aquí será clave ver si las cumple.



