Una mujer denunció que una supuesta clienta le robó el celular tras ingresar a su negocio con señas, en un caso que quedó registrado en video en Soacha, Cundinamarca.
La grabación correspondería a una miscelánea del sector de San Mateo y fue difundida a través de la cuenta de denuncias ciudadanas Pasa en Bogotá. Las imágenes muestran que el hecho ocurrió el jueves 1 de octubre, cuando una mujer hace señas a la propietaria del comercio y luego entra hasta el escritorio del establecimiento.
Según la secuencia captada por la cámara de seguridad, la sospechosa toma el celular que estaba en el lugar y se retira en un lapso de 30 segundos. La mujer también habría usado una bolsa o pañuelo negro para ocultar el teléfono y sustrajo unas llaves.
Una de las afectadas relató a CityTV que la persona «llegó hablando con señas y como si fuera muda». La víctima explicó que permitió el ingreso porque no lograba entender qué buscaba la supuesta clienta.
«Como yo no le entendía, para entenderla mejor dejé que ingresara para que me explicara bien qué era lo que quería», contó al canal regional. Mientras intentaba comprenderla, la comerciante dijo que se distrajo y que la desconocida tomó el dispositivo.
«A medida que ella me iba explicando, yo en un momento me distraje y ella cogió el celular con un pañuelo o una bolsa negra para taparlo», relató la afectada. Según su versión, la mujer también tomó unas llaves que estaban junto al teléfono.
La víctima añadió que la salida de la sospechosa pasó inadvertida en un primer momento porque el movimiento de las llaves desvió la atención. «Para que yo no me diera cuenta de que había cogido el celular, al ladito tenía las llaves de unos productos de afuera. Cogió las llaves y salió», dijo a CityTV.
El relato no se limitó a ese local. La mujer aseguró que varios vecinos le contaron que habían sufrido hurtos con una modalidad parecida durante la misma jornada. Entre los casos mencionados aparece el de una comerciante que tenía un portátil conectado mientras atendía su negocio.
En Marinilla, Antioquia, también se reportó un episodio similar. Una trabajadora de una tienda descubrió el hurto minutos después de que un hombre salió del local sin levantar sospechas.
Según la información divulgada, el ladrón habría simulado ser sordo y utilizó gestos para captar la atención de la empleada mientras preguntaba por precios. Una cámara de seguridad registró la secuencia y mostró que el sujeto se llevó varios objetos del local.
La repetición de estas maniobras deja un problema claro para el comercio de barrio: el delito se apoya en la distracción y castiga, una vez más, al pequeño empresario que opera con menos protección. Cuando el engaño entra por la puerta, el costo no lo paga el relato de moda ni la burocracia; lo paga el dueño del negocio.
El mercado ya votó con alarma. Sin orden en las calles y sin reacción efectiva, la libre empresa queda expuesta a una táctica básica pero eficaz: convertir la buena fe del comerciante en una oportunidad para el hurto.


