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Tonosí sigue aislado tras el sismo de 7,7: más de 24 horas sin agua ni luz agravan la emergencia

Las réplicas, los daños en vías y el colapso de servicios básicos complican la atención de decenas de familias en el pueblo más cercano al epicentro. El mercado no opera ahí: primero hace falta restablecer agua, electricidad y acceso.
domingo 11 de octubre de 2026

No hay agua ni luz desde hace más de 24 horas en Tonosí, el pueblo más cercano al epicentro del terremoto de magnitud 7,7 ocurrido el viernes en Panamá. Las réplicas continúan y mantienen en vilo a los vecinos, muchos de ellos sin hogar.

En uno de los parques, tres mujeres del personal del centro de salud cocinan en una olla improvisada para repartir desayuno, almuerzo y cena a los damnificados. Argelis Ortega dijo a EFE que sirven comida para «más de 100 personas».

El parque se convirtió en campamento, comedor y hospital improvisado desde que, a las 12:56 hora local del viernes, ocurrió el sismo cerca de Tonosí. El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) lo ubicó en magnitud 7,7, mientras que el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá rebajó la cifra a 7,5.

La atención se sostiene con donaciones de vecinos y con agua repartida por las autoridades locales. Los pacientes se ubican como pueden debajo de toldas viejas, con cuadros de ansiedad o golpes por las caídas sufridas durante el terremoto.

Las vías de acceso también están dañadas. Un deslizamiento de tierra cortó una de las rutas y en la otra hay grietas, árboles caídos y piedras, por lo que el Ejecutivo llegó en helicóptero a evaluar daños. Las principales labores de respuesta avanzan mientras la tierra sigue temblando: ya se registró más de un centenar de réplicas desde el viernes.

Entre los afectados está Cristal Reyes, oriunda de Tonosí, quien permanece con su familia en el parque. Contó que no se atrevió a volver a su casa y que su esposo le envió un video en el que «está todo en el suelo».

Reyes trabaja cerca del parque y del centro médico. Cuando empezó el temblor, salió corriendo, pero la magnitud fue suficiente para derribarla junto a otros compañeros.

La emergencia deja una lección elemental: sin agua, electricidad y acceso vial, la respuesta oficial pierde velocidad y las familias cargan el costo más alto. Primero debe volver lo básico; después vendrá la reconstrucción.

Capital busca reglas claras. En desastres como este, la prioridad no es el discurso sino restablecer servicios, abrir caminos y proteger la propiedad de quienes lo perdieron casi todo.

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