La economía chilena va a tener una recesión este año. Así lo proyectó Jorge Selaive, quien estimó una contracción del PIB en el rango de 0 a -0,5, centrada en -0,3.
Selaive explicó que el diagnóstico coincide con el Banco Central y atribuyó el deterioro a varios shocks de oferta. Entre ellos mencionó la pesca, el impacto de fenómenos climáticos y el shock externo vinculado a los combustibles. A su juicio, esos factores han empujado el menor crecimiento y explican que agosto haya vuelto a caer.
El economista también señaló que septiembre podría mostrar un imacec negativo y que el último trimestre debiera verse «un poco más limpio» de esos factores transitorios. Aun así, advirtió que eso no alcanzará para cerrar el año en positivo.
La minería será, según su lectura, el principal lastre. Dijo que ese sector llevará al país a territorio negativo, mientras el PIB no minero, aunque golpeado, crecería entre 0,5% y 1%.
De cara a 2027, proyectó un crecimiento de 3,5% apoyado en efecto rebote, mayor materialización de inversión privada, más inversión pública y una contribución positiva del gasto público. Pero alertó que ese escenario puede corregirse a la baja si el contexto internacional se vuelve más desafiante.
Sobre el origen de la debilidad, Selaive sostuvo que es difícil separar herencias y errores propios de la administración. Añadió que el gobierno está haciendo esfuerzos para que la inversión se materialice y valoró la Ley de Reconstrucción como un mecanismo que debería ayudar, especialmente en construcción.
También puso el foco en el llamado «bencinazo». Dijo que deterioró la confianza de los consumidores y el consumo, aunque reconoció que tuvo el beneficio de reducir el gasto fiscal del impuesto específico. Según recordó, desde 1990 los consumidores estaban acostumbrados a un sistema de estabilización de precios de los combustibles.
En empleo, el diagnóstico fue igual de duro. Selaive estimó que la tasa natural de desocupación está entre 8,2% y 8,8% y afirmó que, en el horizonte de esta década, habrá que convivir con desempleo alto. También advirtió que la creación de 800.000 empleos en tres años y medio se ve «extremadamente desafiante».
El economista incluso prevé un nuevo aumento del desempleo desestacionalizado o referencial para el trimestre móvil julio-agosto-septiembre, desde el 9,6% a 9,7% o 9,8%.
La lectura de fondo es clara: cuando la inversión se frena y el aparato productivo opera bajo shocks persistentes, el margen del crecimiento se achica rápido. El costo recae en el empleo, en el ingreso de los hogares y en la capacidad del Estado para sostener más gasto sin presionar la confianza.
Capital busca reglas claras. Si el país quiere salir del estancamiento, la señal no puede ser más burocracia sino más inversión que efectivamente llegue a la economía real. Los números primero.