Hace 14 años se confirmó el potencial productivo de Vaca Muerta y, según la fuente, durante años la inversión pública y privada en ductos y caminos quedó virtualmente frenada. Ese atraso empieza a corregirse con cambios de fondo en la infraestructura para gas y petróleo.
Según el Instituto General Mosconi (IAEGM), en agosto la extracción de crudo en Vaca Muerta concentró el 72% del total del país y la de gas natural llegó al 62%. Ese peso productivo está empujando nuevas obras y una reorganización del sistema de transporte.
Uno de los giros centrales fue la decisión oficial de reconfigurar el transporte de gas para promover contratos directos de obras de infraestructura por iniciativa privada, en reemplazo del rol excluyente asignado a Enarsa a comienzos de esta década. La revisión implicó reasignar capacidades por distribuidora y también acuerdos con TGS y TGN para rescindir contratos sobre el gasoducto troncal de Vaca Muerta.
En ese marco, TGS avanzó con la ampliación del gasoducto Perito Moreno, antes Néstor Kirchner. La obra incorporará tres nuevos compresores y elevará la capacidad del tramo de 21 a 35 millones de metros cúbicos diarios de gas desde Vaca Muerta hasta Salliqueló. Además, sumará 12 millones de m3 diarios en los tramos finales del sistema para llegar a centros urbanos del AMBA y el Litoral.
TGS informó una inversión privada de US$500 millones y adhesión al RIGI aprobada este año. La empresa estima que la ampliación estaría operativa en el invierno de 2027 y permitiría un ahorro anual de entre 500 y 700 millones de dólares al reemplazar importaciones de GNL y combustibles líquidos.
Por su parte, TGN anunció el gasoducto General Manuel Belgrano, de 753 kilómetros entre Tratayén y La Carlota, con una inversión que oscilaría entre 1500 y 2200 millones de dólares. La capacidad inicial sería de unos 13 millones de metros cúbicos diarios y las obras incluyen 147 kilómetros de loops y cinco plantas compresoras.
Según TGN, el proyecto permitiría reducir en US$700 millones anuales las importaciones de GNL y gasoil, abrir exportaciones de gas natural a países vecinos por US$450 millones por año y emplear a 2000 personas en su pico de actividad. La adjudicación formal se prevé para noviembre y las obras comenzarían en abril de 2027.
Además, la compañía ya opera y mantiene el Gasoducto de Integración Federal, cuya reversión permitió revertir el flujo de 15 millones de m3 diarios desde Vaca Muerta hasta el NOA, Bolivia y Brasil.
La lectura de fondo es clara: cuando el Estado reduce su papel excluyente y habilita capital privado, la infraestructura aparece. Eso mejora productividad, baja costos y abre margen para exportar más gas y petróleo.
Para la Argentina, el punto no es menor. Detrás de cada ducto hay dinero de los contribuyentes que deja de inmovilizarse, divisas que dejan de quemarse en importaciones y una señal más amigable para el capital. Capital busca reglas claras, y el sector energético parece estar empezando a recibirlas.