Los países del Grupo de los Siete acordaron abstenerse de imponer restricciones a las exportaciones de energía y productos energéticos entre sus miembros. La declaración conjunta también llamó a otros productores a evitar prohibiciones que puedan agravar las tensiones del mercado.
El acuerdo llega en un momento en que Estados Unidos analizaba limitar sus ventas de diésel al extranjero para contener los precios históricos de ese combustible. Donald Trump respaldó el giro y descartó imponer la prohibición que había considerado durante las últimas semanas.
«Europa tiene mucho diésel y va a hacer una importante contribución mundial, y nosotros también. No vamos a aplicar la prohibición de exportaciones», dijo Trump a periodistas en la Casa Blanca.
La decisión importa porque el diésel no está pasando por un ciclo normal. El 22 de septiembre, su precio promedio alcanzó 6.5276 dólares por galón en Estados Unidos, el mayor nivel de la historia, según la nota. En las últimas cuatro semanas, las exportaciones estadounidenses promediaron 1 millón 508 mil barriles diarios, una baja de 14.6 por ciento frente al cierre de agosto.
Además, el G7 acordó coordinar el mantenimiento de sus refinerías para evitar paros simultáneos y elevar temporalmente las tasas de utilización cuando sea posible. También buscará la colaboración de países con capacidad importante de refinación para aumentar la producción mundial de derivados petrolíferos, especialmente diésel.
La Agencia Internacional de Energía, por encargo del grupo, deberá realizar una liberación coordinada de 100 millones de barriles de reservas. Ese proceso comenzará de manera inmediata y se extenderá durante cuatro meses. El plan contempla una liberación inicial de diésel durante los primeros 20 días por parte de los integrantes y socios del G7.
México no forma parte del G7, pero el cuadro global sí toca al mercado local. En los últimos años, México ha reducido su dependencia de las importaciones de diésel hasta alrededor de 35 por ciento de su demanda. Aun así, los inventarios disponibles apenas serían suficientes para cubrir 10 días del consumo nacional, de acuerdo con S&P Global Energy.
Javier Verdugo, Research Analyst de S&P Global Energy, señaló que la mayor producción de combustibles en México ha permitido disminuir las necesidades de producto proveniente del extranjero. Dijo que pasaron de importar alrededor de dos terceras partes a importar aproximadamente 44 por ciento.
S&P Global estima que las importaciones cubren 52 por ciento de la demanda de gasolina, 35 por ciento de la de diésel y 50 por ciento de la turbosina. La presentación también señala que México dispone de existencias equivalentes a nueve días de demanda de gasolina, 10 días de diésel y apenas tres días de turbosina.
La lectura económica es clara. Cuando el mercado energético se tensa, la respuesta útil no es más burocracia, sino más oferta y coordinación. El G7 al menos entendió que restringir exportaciones solo empeora el problema y castiga a consumidores y empresas.
Para México, el dato incómodo es otro: la dependencia externa sigue siendo alta y el colchón de inventarios es corto. Capital busca reglas claras, pero también infraestructura, refinación y reservas suficientes. Sin eso, cualquier sobresalto internacional vuelve a golpear costos, márgenes y productividad.