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Los Verónicos se cruzan con la campaña Petro: denuncias, contratos y 4.900 millones bajo la lupa

Un grupo cercano a Verónica Alcocer aparece mencionado en denuncias e investigaciones que alcanzan la financiación de la campaña de 2022, Ecopetrol y supuestos favores empresariales. Las piezas que sí están documentadas dejan un mensaje incómodo: cuando el acceso al poder se mezcla con negocios, el riesgo para el dinero de los contribuyentes y para la transparencia crece.
domingo 20 de septiembre de 2026

Durante los años del gobierno de Gustavo Petro, Verónica Alcocer formó un círculo de hombres de confianza que, según denuncias, terminó teniendo acceso a espacios de poder y negocios. Ese grupo era conocido como «los Verónicos» y, de acuerdo con la información citada, estaría integrado por Xavier Vendrell, Manel Grau y Víctor Sierra.

Los nombres de Vendrell, Grau, Sierra y Yeirson Andrés Gamero Martínez aparecen en distintos episodios que han rodeado la campaña presidencial de 2022, los dineros de alias «Papá Pitufo» y movimientos en Ecopetrol. La fuente señala que Vendrell y Grau eran catalanes cercanos a la Casa de Nariño; Sierra, constructor y gestor de negocios; y Gamero, amigo de los catalanes.

Sobre Sierra, la información lo ubica en un asado realizado a comienzos de 2022 en una casa de Guaymaral, al norte de Bogotá. Según lo revelado por El Tiempo, ese día también habrían estado Diego Marín, alias «Papá Pitufo», y Néstor Daniel García Colorado, cofundador de la Alianza Verde. En ese contexto, Marín le habría entregado $500 millones en efectivo a Vendrell.

La fuente añade que Sierra habría construido dos casas gemelas en Guaymaral, una de las cuales habría sido ocupada por «Papá Pitufo». También indica que el hombre, de 62 años, habría ofrecido a empresarios realizar trámites ante la Dian, entidad en la que Marín tendría contactos.

El nombre de Sierra volvió a aparecer en julio de 2026, esta vez en una denuncia contra Manel Grau por una presunta estafa a un grupo de empresarios. Según El Tiempo, a esos empresarios les habrían prometido inversiones, negocios y contratos con el Grupo Ecopetrol. Los denunciantes aseguraron que entregaron $4.900 millones a Grau, quien habría dicho tener respaldo de la Casa de Nariño y realizaba llamadas en altavoz con Alcocer y con el entonces presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, para generar confianza.

Los denunciantes también afirmaron que parte de ese dinero terminó en manos de Sierra y dijeron contar con videos que evidenciarían esas entregas. Además, un audio citado por el medio haría referencia a una reunión o desayuno en el que supuestamente participaron Grau y otras personas, entre ellas Juan Carlos Hurtado, quien fue presidente encargado de Ecopetrol.

En ese audio se hablaría de que Sierra y Grau habrían movido la hoja de vida de Hurtado para que ingresara a la petrolera y luego se convirtiera en sucesor de Roa, después de que este último solicitara una licencia en medio de investigaciones en su contra. Todo ello figura en una denuncia instaurada por el abogado Carlos Soler, que resume el núcleo de la acusación: cercanía personal, acceso institucional y negocios alrededor del círculo de Alcocer.

Gamero aparece en otro tramo del entramado. Según El Tiempo, él y Vendrell habrían visitado minas de esmeraldas de Boyacá, como la mina de Fura Gems en Coscuez, el 14 de junio de 2024. Luego, en enero de 2026, se habría producido una segunda visita en la que Gamero habría estado acompañado por Lina Franco, entonces directora de la Agencia Nacional de Minería.

La lectura política es clara: cuando un círculo con acceso a la Casa de Nariño termina ligado a denuncias por dinero, contratos y cargos en empresas estratégicas, el costo no lo paga solo el gobierno. Lo paga la credibilidad institucional, el capital privado que necesita reglas claras y el contribuyente que financia el aparato estatal.

Capital busca reglas claras. Y este caso, más allá de sus denuncias y versiones cruzadas, vuelve a mostrar por qué la frontera entre influencia política y negocios debe ser estricta. Si esa línea se borra, el Estado deja de ser árbitro y se convierte en premio.

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