La deuda de los hogares estadounidenses escaló a niveles cercanos a los vistos tras la Gran Recesión, según datos federales publicados el viernes. El dato convive con otro retrato menos uniforme: el patrimonio de las familias subió, pero la mejora fue desigual y más lenta que en el período anterior.
La Reserva Federal informó que la proporción de familias atrasadas en sus pagos al cierre de 2025 pasó de 12% en el período previo a casi 20%. Entre quienes acumulaban dos meses o más de retraso, la cifra superó 8%, frente a 5% en 2022. El reporte señaló que las familias estuvieron «más propensas a estar atrasadas en sus obligaciones financieras que en cualquier momento desde la encuesta de 2010».
Ese deterioro en el cumplimiento de pagos se dio mientras el patrimonio neto ajustado por inflación aumentó 7%, hasta 1,24 millones de dólares. La mediana del patrimonio neto subió apenas 2%, a 215.900 dólares. La propia Fed dijo que las ganancias patrimoniales fueron «mucho más lentas» que entre 2019 y 2022, cuando la riqueza aumentó 37%, el mayor salto en más de 30 años de la encuesta.
La distribución también mostró tensiones. La mediana del patrimonio para las familias del 10% superior de ingresos subió 31%, mientras que cayó para el 40% inferior. Entre los mayores de 75 años, el patrimonio se disparó 37%; para los menores de 35 años cayó 23%.
El endeudamiento se volvió más pesado en relación con la capacidad de pago. La mediana del pago de deuda como proporción del ingreso subió 2 puntos porcentuales, a 15,4%. El ratio deuda-ingreso total alcanzó 94,9%, por encima de 89,4% en 2022. Además, 8,6% de las familias reportó pagos de deuda superiores a 40% de su ingreso, frente a 6,5% en 2022, el nivel más alto desde la encuesta de 2013.
Pese a ese estrés, el consumo siguió firme. El gasto de los hogares en Estados Unidos aumentó 6,1% en los 12 meses hasta agosto, impulsado en parte por precios más altos, pero también por un mayor volumen de compras, según el Departamento de Comercio. La confianza del consumidor, sin embargo, cayó a su segundo nivel más bajo en la historia este mes, de acuerdo con la Universidad de Michigan.
El dato central es incómodo para cualquier relato de complacencia: más activos no significan finanzas sanas si el servicio de la deuda avanza al mismo tiempo. Cuando el costo del crédito se vuelve una mordida más grande sobre el ingreso, el margen de maniobra de los hogares se achica y el ahorro pierde espacio frente a las obligaciones.
Para el mercado, la señal importa porque el consumo sigue sosteniendo la actividad, pero a un precio creciente en apalancamiento. Si la deuda de las familias sigue subiendo más rápido que su capacidad de pago, el ajuste tarde o temprano se traslada a menor gasto discrecional, más presión sobre el crédito y mayor riesgo para la calidad de cartera.


