Más de seis meses después del inicio de la guerra con Irán, los analistas petroleros de JPMorgan Chase concluyen que cada vez es más difícil anticipar cómo terminará el conflicto. Natasha Kaneva y otros analistas dijeron en una nota que el cierre de la guerra se volvió menos claro porque varias líneas rojas económicas que el banco creía que la administración estadounidense no aceptaría cruzar ya ocurrieron.
Entre esas señales están el petróleo por encima de 100 dólares el barril, la gasolina cerca de 5 dólares el galón y los rendimientos de los bonos del Tesoro al alza. Para JPMorgan, eso cambia el tablero. Si el mercado ya incorporó esos niveles, también está descontando un riesgo de nuevas pérdidas de suministro.
La tensión no se limita al precio del crudo. Los operadores y analistas petroleros están cada vez más inseguros sobre la duración de la guerra mientras los precios de la energía suben y sus efectos amenazan con frenar el crecimiento económico mundial y reavivar la inflación. En una nota ampliamente citada por participantes del mercado, los analistas dijeron: «En nuestra opinión, el mercado está en vilo».
La preocupación se intensificó tras ataques recientes contra infraestructuras energéticas críticas, incluido el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita. JPMorgan advirtió que esa presión puede traducirse en una mayor escasez de suministro. La firma estimó que el valor razonable del petróleo en septiembre se ubica en torno a 90 dólares por barril, aunque los precios rondan los 106 dólares.
Esa diferencia importa. Según los analistas, el mercado está descontando el riesgo de pérdidas adicionales de suministro de 4 millones de barriles diarios, que se sumarían a los 10 millones de barriles diarios ya afectados. También sostuvieron que, si los flujos desde Medio Oriente se mantienen en los niveles actuales, los precios del cuarto trimestre y de diciembre de 2026 podrían quedar 7 y 8 dólares por encima de las previsiones vigentes, hoy en torno a 80 y 78 dólares por barril.
JPMorgan agregó que, sin señales claras de Estados Unidos o Irán para reducir la tensión, y sin un avance diplomático el 24 de septiembre, cuando Trump y Xi tienen previsto reunirse en Washington D.C., resulta cada vez más difícil sostener que la perturbación es temporal. Las reservas mundiales de crudo se han reducido durante la guerra, aunque por ahora todavía hay margen para evitar otra escalada inmediata de precios.
El fondo de la historia es incómodo para cualquier economía que dependa de energía barata y reglas previsibles. Cuando el conflicto eleva el precio del petróleo, el costo lo terminan pagando hogares, empresas y contribuyentes, mientras el aparato estatal intenta reaccionar tarde.
Para el mercado, la señal es clara: sin desescalada, el riesgo país energético seguirá subiendo. Y cuando sube el riesgo, cae el margen para invertir, producir y crecer con estabilidad. Capital busca reglas claras. Aquí, por ahora, domina la incertidumbre.

