El jefe de la misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) para Chile, Bikas Joshi, no planteó problemas en la agenda económica del gobierno del Presidente José Antonio Kast. Además, el economista estimó que el escenario para Chile mejorará hacia 2027.
Joshi fue entrevistado por el propio FMI en el contexto de la renovación de la línea de crédito con el Banco Central de Chile, realizada a fines de agosto y con un monto menor al anterior. El organismo explicó que esa reducción progresiva «forma parte de la estrategia de salida de Chile» y es coherente con el uso previsto de esa línea.
Consultado sobre cómo impulsar la economía chilena, Joshi dijo que el desempeño de la tasa de crecimiento esperada para este año, que según el Banco Central de Chile sería de 0,25-0,75%, se limitaría solo a este ejercicio. Añadió que la desaceleración actual es en gran medida temporal y refleja una disminución transitoria de la producción de cobre.
En esa línea, proyectó «una recuperación en 2027». También señaló que Chile podría crecer cerca del 3% anual a mediano plazo si los precios del cobre se mantienen elevados y se materializan las reformas previstas.
Entre las medidas más prometedoras, el economista mencionó las reformas regulatorias, incluida la agilización de los procesos de concesión de permisos. Sobre la megarreforma recién aprobada, la calificó como una iniciativa que busca «estimular la inversión mediante la reducción del impuesto a la renta de las empresas y otros incentivos».
Frente a la pregunta sobre si Chile puede recortar impuestos, desregular la economía y reducir el gasto público al mismo tiempo, Joshi respondió que sí. Dijo que esas medidas son complementarias y no contrapuestas. Según explicó, las reducciones de impuestos y la desregulación apuntan principalmente al mediano plazo: buscan aumentar la competitividad, reactivar la inversión y elevar el crecimiento potencial de Chile.
Pero también advirtió que esos beneficios tardan tiempo en materializarse. Por ello, en el corto plazo, consideró adecuado racionalizar el gasto público y mejorar su eficiencia para preservar la sostenibilidad fiscal.
Joshi afirmó además que las proyecciones del PIB cercanas al 2% en el largo plazo deben verse como «una referencia, no un límite, y Chile debería aspirar a más». Entre los frentes a impulsar mencionó la mejora de la infraestructura comercial y logística, el desarrollo de las competencias de la fuerza laboral y el fortalecimiento de los vínculos entre universidades y sector productivo en materia de investigación.
También planteó que será fundamental abordar los desafíos demográficos, por ejemplo facilitando una mayor participación de las mujeres en la fuerza laboral, entre otras cosas, mediante la reforma del sistema de cuidado infantil.
El FMI resaltó que la economía chilena se ha beneficiado por los altos precios del cobre, aunque advirtió que una elevada dependencia de materias primas puede constituir una vulnerabilidad por la volatilidad de sus precios. Añadió que la producción también puede verse afectada por factores imprevistos, como el terremoto y el accidente minero ocurridos en julio de 2025.
Para el mercado, el mensaje es claro: menos fricción regulatoria, menor carga tributaria y un Estado que gaste con más disciplina. Esa combinación mejora el retorno esperado del capital y da más espacio a la inversión privada, que sigue siendo la variable decisiva para sostener el crecimiento.
El otro punto central es fiscal. Joshi insistió en aprovechar los períodos favorables para reforzar las reservas fiscales y externas, mantener el tipo de cambio como principal mecanismo de absorción de choques externos y evitar aumentar el gasto permanente sobre ingresos que podrían ser transitorios. En la práctica, el FMI está empujando una agenda de reglas claras, prudencia fiscal y más libre empresa.