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El cuidado no remunerado equivale al 19,2% del PIB ampliado y recae en un 87,8% en mujeres

El trabajo invisible de cuidar a mayores dependientes ya tiene un peso económico comparable al de una gran actividad productiva en Chile. Pero sigue fuera del mercado, sin contrato, sin cotización y con una carga que golpea sobre todo a las mujeres.
Imagen generada con IA
lunes 12 de octubre de 2026

El envejecimiento está elevando la demanda de asistencia para personas mayores dependientes en Chile, y detrás de esa tarea hay un trabajo que no pasa por el mercado. Según un estudio de ClapesUC, el cuidado de salud no remunerado ocurre fuera del sistema formal, no genera contrato, no aparece en el PIB convencional, no cotiza para pensión y no figura en ningún registro sanitario.

Los investigadores Jaime Mañalich y Pedro Marín estimaron que el cuidado no remunerado en el país equivale al 19,2% del PIB ampliado. Dentro de ese total, entre el 35% y el 40% correspondería directamente al cuidado de salud. En términos simples, se trata de una porción muy relevante de la actividad económica que permanece invisible en las cuentas tradicionales.

El dato más duro está en quiénes cargan con ese esfuerzo. De acuerdo con el informe, en Chile el 87,8% de los cuidadores principales de adultos mayores dependientes son mujeres. El estudio agrega que, en todos los países medidos, las mujeres realizan entre el 60% y el 80% del trabajo de cuidado informal.

Mañalich atribuye esa distribución a razones culturales y a un castigo salarial que termina empujando a las mujeres al sacrificio. En su explicación, cuando una familia debe decidir quién cuida al padre enfermo, suele imponerse la lógica de que la hija o hermana es quien gana menos y, por tanto, debe asumir la tarea. El resultado, dice, es una discriminación de género «muy dolorosa» que también limita.

La carga no solo es desigual: también impacta en la salud de quienes cuidan. En Chile, el 69,8% de los cuidadores principales de adultos mayores con dependencia severa en atención primaria presenta sobrecarga, según la Escala de Zarit. Además, el 16,1% de las cuidadoras sufre estrés clínicamente significativo y el 7,4% declara algún grado de depresión.

El estudio y las voces citadas coinciden en que el sistema descansa sobre un soporte informal que ya muestra costos humanos altos. Mañalich plantea tres caminos: remuneración, capacitación e institucionalización. Entre las alternativas menciona hospitales diurnos, donde el familiar puede dejar al dependiente en un recinto estatal o concesionado para que sea atendido durante el día.

Alicia Valdés Rojas, académica de Terapia Ocupacional de la U. Central, agrega que cuidar a una persona dependiente es un trabajo de tiempo completo, sin pausas ni vacaciones, que suele extenderse por más de cinco años. Según la Endide 2022, las cuidadoras dedican en promedio nueve horas diarias y más del 70% no ha descansado en un año o más.

La aprobación en enero de 2026 de la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados (SNAC) aparece como el avance más significativo, porque reconoce por primera vez el derecho al cuidado como derecho social exigible. Pero el propio debate deja claro que el reconocimiento legal no resuelve por sí solo el problema de fondo: mientras el cuidado siga recayendo en las familias, el costo lo seguirá pagando, en gran medida, el trabajo invisible de las mujeres.

El mercado ya votó. Cuando una tarea equivale al 19,2% del PIB ampliado y queda fuera de contrato, de pensión y de productividad medida, el resultado es una transferencia silenciosa de costos hacia los hogares. Capital busca reglas claras, pero también una asignación más eficiente de responsabilidades: si el Estado reconoce un derecho, debe diseñar una institucionalidad que no convierta ese derecho en más carga doméstica y menos libertad para trabajar.

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