Banxico mantuvo la tasa de referencia en 6.50 por ciento por decisión unánime, en línea con lo que esperaba el mercado. El cambio relevante estuvo en el párrafo prospectivo: la Junta de Gobierno dejó claro que tomará sus decisiones según la continuación del proceso desinflacionario, el comportamiento esperado de sus determinantes, el traspaso del tipo de cambio a los precios del consumidor, las condiciones de holgura y las expectativas de inflación.
La propia redacción también marcó distancia frente a Estados Unidos. Banxico señaló que, dado que las condiciones macroeconómicas en México son distintas a las de Estados Unidos, la política monetaria no tendría que reaccionar de manera mecánica ante los ajustes previstos a la tasa de fondos federales. Para el autor de la columna, esa frase fue el dato más relevante de la reunión: una descripción más explícita de la función de reacción del banco central.
El diferencial entre la tasa de referencia de Banxico, de 6.50 por ciento, y la tasa de fondos federales, ubicada entre 3.75 y 4.00 por ciento, está en 250 puntos base. Ese diferencial es el más bajo desde que Banxico introdujo la tasa interbancaria a un día como instrumento de política monetaria en enero de 2008. La columna añade que un menor diferencial reduce el atractivo del peso mexicano frente al dólar de Estados Unidos.
De hecho, el tipo de cambio fix pasó de 17.1527 el 15 de septiembre a 17.7100 pesos por dólar el viernes pasado, un ajuste de 3.25 por ciento. El autor sostiene que, aun así, hay espacio para que el dólar se fortalezca un poco más sin efectos significativos en la inflación o en las expectativas de inflación en México.
La pieza también subraya una diferencia clave entre ambas economías: el dinamismo económico, el hecho de que el gobierno mexicano ha absorbido el incremento internacional en los precios de la gasolina regular y del diésel, y el nivel de las tasas reales, que en Estados Unidos están en territorio «laxo» y en México en territorio «neutral».
En ese contexto, la lectura de fondo es clara: Banxico está defendiendo una regla de prudencia monetaria y no una obediencia automática a Washington. Para el mercado, eso significa más espacio para calibrar el costo del dinero con base en la inflación local y no solo en el ciclo del Fed.
El principio en juego es la disciplina de precios. Cuando el banco central comunica mejor su reacción, reduce ruido y mejora la previsibilidad. Y cuando evita un diferencial demasiado estrecho sin perder de vista la desinflación, protege el retorno del peso sin sacrificar estabilidad.



