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AI gana terreno con incidentes de seguridad que también venden más producto

La industria de IA está usando brechas y comportamientos anómalos como capital de marketing, mientras empresas y clientes intentan distinguir riesgo real de narrativa comercial. El costo potencial recae en la confianza, la seguridad y las reglas de uso.
Imagen generada con IA
martes 29 de septiembre de 2026

La línea entre amenaza de IA y marketing de IA se está volviendo más difusa, y eso ya importa para empresas y usuarios. Peter Garraghan, fundador y chief science officer de Mindgard, advierte que algunos proveedores de modelos y agentes de IA están tratando incidentes de seguridad como una oportunidad para resaltar lo «imponentes» y «capaces» que son sus sistemas.

Garraghan sostiene que eso ha creado una nueva forma de marketing encubierto. Según él, proveedores de IA ahora pueden promocionar sus modelos mientras expresan preocupación por los mismos resultados que ayudaron a generar. El problema, dice, es que cada vez resulta más difícil distinguir entre escenarios fabricados deliberadamente y riesgos genuinos de la IA.

El autor plantea que varios proveedores importantes están en carrera por una oferta pública inicial y por ganar espacio en un mercado saturado. En ese contexto, las coberturas sobre incidentes de seguridad ligados a IA pueden parecer mala prensa, pero también pueden alimentar la idea de que un modelo es demasiado «inteligente», «avanzado» o «peligroso».

En su análisis, hay dos cosas que pueden ser ciertas al mismo tiempo: que esos modelos hayan producido incidentes de seguridad que afectaron a clientes y a la infraestructura central de IA de la que dependen, y que los proveedores estén capitalizando esos eventos con campañas de marketing que ensalzan sus capacidades. Garraghan dice que no cree que los incidentes hayan sido orquestados deliberadamente por los vendedores, pero sí cuestiona la seriedad de sus prácticas de seguridad si no pueden establecer un entorno aislado lo bastante seguro.

El punto central no es que los incidentes hayan causado un daño significativo, sino que la narrativa los esté convirtiendo en una oportunidad comercial. El autor compara la situación con un robo en casa: no basta con decir que no se llevaron nada. Si no se aprenden lecciones y no se aplican precauciones adicionales, habrá un próximo episodio.

Para los clientes, la recomendación es tratar cualquier sistema de IA con acceso a herramientas, datos o infraestructura como un usuario no confiable. Eso implica limitar permisos, aislar sistemas sensibles, monitorear acciones y mantener controles fuera del propio modelo. También llama a no asumir que las salvaguardas del proveedor bastan solo por la palabra del equipo comercial.

La lectura de fondo es clara: cuando el marketing se mezcla con los incidentes, la confianza se deteriora y el mercado termina premiando la espectacularidad por encima del control. Capital busca reglas claras. Si la IA quiere ganarse la capitalización de largo plazo, necesita menos relato y más disciplina operativa.

El mercado ya votó. Y, por ahora, lo está haciendo sobre una mezcla incómoda de innovación, riesgo país tecnológico y prudencia ausente. Los números primero.

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