El Banco de México mantiene abierta la posibilidad de nuevos recortes a la tasa de interés para favorecer la actividad económica, según la minuta de su reunión del 24 de septiembre. La señal no es unánime, pero sí mayoritaria: tres integrantes se mostraron a favor de bajar la referencia, mientras otros dos defendieron mantener la postura actual o incluso acoplarla al endurecimiento monetario de Estados Unidos.
Los cinco miembros votaron por conservar la tasa en 6.50%, nivel vigente desde mayo. Aun así, dentro de la Junta aparecieron matices relevantes sobre el rumbo inmediato de la política monetaria. Uno de los integrantes favorables a recortes señaló que, si la inflación sigue bajando, «en las siguientes decisiones se podrá evaluar una disminución puntual en la tasa de referencia», lo que abarataría el crédito, aunque también reduciría los rendimientos del ahorro.
Otro miembro consideró que la Junta «podría llegar a valorar la posibilidad de una disminución en la tasa de referencia si las condiciones lo permitieran», siempre que los mercados financieros se mantengan estables. Un tercero fue más directo: propuso discutir un «ajuste fino a la baja de la tasa de referencia» para evitar que unos intereses innecesariamente elevados frenen la recuperación de la economía mexicana.
Del otro lado, un integrante defendió que «la postura monetaria debe mantenerse en los niveles actuales por un tiempo prolongado», con el argumento de que eso podría contener la inflación. Además, planteó que quizá sea necesario iniciar la discusión sobre un «acoplamiento con el ciclo de alzas» de la Reserva Federal si la inflación mexicana no se acerca de manera sostenida al objetivo de 3%.
Banxico sostiene, desde su decisión del 24 de septiembre, que por las diferencias entre ambas economías su política monetaria «no tendría que reaccionar de manera mecánica» a los movimientos estadounidenses. La referencia importa porque la Fed elevó en septiembre su tasa en 0.25 puntos porcentuales, hasta un rango de 3.75% a 4%, ante la persistencia inflacionaria.
En México, la inflación general subió de 3.10% a 3.42% entre la primera quincena de julio y la primera de septiembre. La subyacente, que excluye los precios más volátiles, bajó de 3.95% a 3.79%. Banxico prevé que la inflación alcance su meta de 3% en el último trimestre de 2027, aunque advierte riesgos por los conflictos internacionales y el encarecimiento de la energía.
El mercado financiero ya leyó el dilema: un alza o un endurecimiento adicional ayudaría a sostener el peso frente al dólar y moderar el encarecimiento de las importaciones, pero también complicaría el acceso al crédito y a la inversión. Un recorte, en cambio, daría oxígeno a empresas y familias que pagan más por financiarse, a costa de menor rendimiento para el ahorro.
Los números primero: Banxico está atrapado entre dos mandatos de hecho, preservar la estabilidad de precios y no asfixiar la actividad. Cuando el costo del dinero baja con disciplina, la capitalización productiva gana aire. Pero si la prudencia se relaja antes de tiempo, el ajuste termina pagándose en inflación, tipo de cambio y menor poder adquisitivo.
Capital busca reglas claras. La discusión de la Junta muestra que aún no hay una ruta cerrada, pero sí una señal importante para el mercado: el banco central no quiere reaccionar de manera automática a la Fed. Esa independencia, bien usada, puede proteger la credibilidad. Mal calibrada, puede terminar encareciendo el riesgo país para consumidores, empresas y ahorradores.