Las cifras que publicó XM no admiten lectura optimista. La deuda total del Mercado de Energía Mayorista (MEM) asciende a 3,4 billones de pesos, con obligaciones vencidas de 1,9 billones de pesos, según el Boletín Energético del operador con corte al 10 de julio.
El dato más crítico no es el monto global sino su concentración: el 79,8 % de esa cartera corresponde a generadores térmicos. Son exactamente los agentes que el sistema necesitará al máximo si Colombia enfrenta un fenómeno de El Niño de alta intensidad, algo que XM estima con una probabilidad del 100 % de consolidación durante 2026.
La probabilidad de que ese Niño sea de intensidad «muy fuerte» entre octubre y diciembre de 2026 es del 81 %, según las proyecciones del operador. En ese escenario, la reducción de aportes hídricos obligaría a sostener una generación térmica superior a 90 GWh diarios durante toda la temporada seca. En los peores escenarios simulados, la operación podría extenderse más de 11 meses con producción cercana a 100 GWh por día, un nivel sin precedentes en la historia reciente del sistema.
Los embalses agravan el cuadro. XM advierte que los principales reservorios podrían operar por debajo de sus mínimos históricos y algunos acercarse a cero por ciento de volumen útil, lo que eliminaría el colchón hídrico que ha salvado al sistema en crisis anteriores, como las de 1991-1993 y 2015-2016.
A la presión financiera y climática se suma el retraso en la expansión de capacidad. Para 2026 se esperaban 4.475 MW de nueva generación; al 9 de julio solo habían ingresado 681 MW. La brecha entre lo prometido y lo instalado reduce el margen de maniobra justo cuando la demanda máxima ya alcanzó 12.475 MW, equivalente a 262,65 GWh diarios, máximos históricos del sistema.
XM advierte de forma explícita que el riesgo asociado a la cartera y a los incumplimientos de algunos agentes puede terminar afectando la confiabilidad del Sistema Interconectado Nacional.
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Desde Ágora Capital, el diagnóstico apunta a una falla de incentivos que el aparato regulatorio colombiano ha dejado crecer sin corrección. Cuando los agentes del mercado no pagan y el Estado no ejecuta los mecanismos de cobro con la velocidad que exige el riesgo sistémico, la deuda privada se convierte en un pasivo público disfrazado: al final, el contribuyente y el usuario residencial absorben el costo vía tarifas o, en el peor caso, vía racionamiento.
El libre mercado eléctrico solo funciona si las reglas se cumplen y los contratos se honran. Una cartera vencida de 1,9 billones de pesos en manos de los generadores más críticos, con un Niño histórico en el horizonte y 3.794 MW de capacidad prometida que no llegaron, no es un problema técnico: es el resultado de señales de precio distorsionadas y de un marco regulatorio que no ha protegido la inversión privada ni la seguridad energética del país.


