El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, descartó esta semana que los consumidores deban temer un repunte brusco en los precios de la gasolina, pese al deterioro acelerado de las relaciones con Irán.
«No ha sido ningún buen comportamiento de Irán lo que ha permitido que el petróleo fluya. Ha sido el ejército de Estados Unidos», dijo Wright a Fox News Digital desde la Great American State Fair en el National Mall. «Eso no va a cambiar», añadió.
Las declaraciones llegaron tras una semana de incidentes directos: Irán atacó tres embarcaciones comerciales que transitaban el Estrecho de Ormuz el lunes y el martes. Wright insistió en que el mérito de mantener abierta esa arteria energética —por la que circula una porción crítica del suministro global de crudo— recae exclusivamente en las fuerzas armadas estadounidenses, no en la diplomacia con Teherán.
«El ejército de EE.UU. ha sido el activo clave», subrayó. «Ha asegurado el flujo de petróleo y gas a través del Estrecho de Ormuz durante todo el conflicto. No desde el inicio, sino durante las últimas seis semanas».
El telón de fondo político se endureció el miércoles cuando el presidente Donald Trump comunicó al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, durante la cumbre de la Alianza en Turquía, que el llamado a la paz con Irán estaba «terminado», poniendo fin a la apariencia de un alto al fuego tentativo.
A pesar de ese escalamiento, Wright señaló que los datos de suministro apuntan en dirección positiva. «Por supuesto, monitoreamos constantemente el suministro de petróleo, el suministro de productos refinados y lo que ocurre allí. Y creo que aún hay tendencias positivas», indicó.
En paralelo, el funcionario elogió la nueva cadena de gasolineras Freedom Fuel en Pensilvania y Nueva Jersey, que ofrece precios por debajo del promedio nacional. La administración Trump ha respaldado públicamente la iniciativa, aunque aclaró que no participa en ella de forma directa.
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Los mercados de energía llevan semanas calibrando dos variables en tensión: la amenaza iraní sobre el Estrecho de Ormuz y la capacidad disuasoria de Washington. El mensaje de Wright es deliberado: el riesgo geopolítico existe, pero el precio lo paga el contribuyente estadounidense en forma de presencia naval, no el consumidor en el surtidor.
Esa lógica —Estado fuerte en defensa, precios libres en el mercado— es precisamente el modelo que la administración Trump ha defendido desde el primer día. Mientras el ejército mantenga abierto el canal, el libre flujo de crudo hace el resto. El mercado ya votó: la estabilidad del suministro depende de reglas claras y poder de disuasión, no de concesiones a Teherán.


