El gobernador demócrata de Washington, Bob Ferguson, firmó en 2025 el mayor aumento impositivo en la historia del estado. No fue una decisión tomada a ciegas: las principales empresas del estado lo habían advertido, por escrito, con cifras y consecuencias concretas.
Starbucks fue la primera señal de alarma. Según documentos obtenidos vía solicitudes de acceso público, la compañía advirtió a Ferguson en 2025 que gravar funciones corporativas como recursos humanos, tecnología, seguridad y publicidad «incrementaría dramáticamente los costos» y la colocaría «en desventaja competitiva frente a empresas radicadas en otros estados». También alertó que un nuevo recargo sobre el impuesto de actividad empresarial dificultaría la inversión en Washington.
El CEO de Starbucks, Brian Niccol, solicitó una reunión con Ferguson en febrero. La reunión nunca ocurrió. Meses después, tras el anuncio de la compañía de invertir 100 millones de dólares en un nuevo hub corporativo en Nashville, Tennessee —con hasta 2.000 contrataciones previstas—, el gobernador finalmente buscó el encuentro. Su propio equipo documentó entonces el tamaño del éxodo: dos rondas de despidos habían afectado a casi 1.300 trabajadores en Washington, cerca de 40 tiendas habían cerrado de forma permanente y el empleo en la sede de Seattle había caído de aproximadamente 3.750 trabajadores en 2023 a unos 2.800.
T-Mobile siguió el mismo camino. Srini Gopalan, identificado como CEO de la compañía en los registros públicos, escribió a los legisladores advirtiendo que el impuesto ampliado sobre servicios de publicidad castigaba a las empresas que mantenían sus sedes en Washington. «Las compañías con sede fuera de Washington no pagan este impuesto», señaló. T-Mobile ha eliminado cerca de 400 empleos en el estado mientras expande campus en Kansas, Texas y Georgia.
Los datos del mercado confirman la huida del capital. Las startups del área de Seattle captaron apenas 2.700 millones de dólares en 163 operaciones de capital de riesgo durante el primer semestre de 2026, una caída de aproximadamente 40% frente a los 4.500 millones en 210 operaciones del mismo período del año anterior. Entre los diez mayores mercados de capital de riesgo del país, Seattle pasó del quinto al séptimo lugar en dólares invertidos y ocupó el último puesto en número de operaciones.
El panorama más amplio es igual de sombrío. Microsoft, Amazon, Meta, Oracle y otras tecnológicas del área han eliminado decenas de miles de empleos en Washington desde enero. La tasa de desocupación de oficinas en Seattle ronda el 37% y el desempleo estatal alcanza el 5,2%, un punto porcentual por encima de la media nacional.
La respuesta de Ferguson ante las advertencias no fue reconsiderar las políticas. Fue preparar argumentarios para convencer a los ejecutivos de que los impuestos más altos financiarían mejores servicios públicos. «Al igual que su trabajo para llevar a Starbucks 'de vuelta a lo esencial', mi enfoque es devolver a Washington la prestación de servicios públicos básicos de excelencia», decía uno de los puntos de conversación preparados para el gobernador.
Desde Ágora Capital, el caso Washington ilustra una ecuación que el libre mercado resuelve con precisión implacable: cuando el costo de operar supera el beneficio de la localización, el capital se mueve. Las advertencias existían, los datos eran públicos y las decisiones empresariales eran predecibles. Lo que falló no fue la información — fue la disposición del aparato estatal a escucharla. El contribuyente washingtoniano paga hoy el precio de esa sordera ideológica.


