Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, está evaluando reducir el número de reuniones anuales en las que el banco central fija las tasas de interés, según informó el New York Times citando a cuatro personas con conocimiento de las conversaciones.
El actual calendario contempla ocho reuniones por año. Warsh planteó la idea de recortarlas a una cifra no especificada durante el encuentro que el organismo celebró esta semana. Según el mismo reporte, el titular de la Fed parecía dispuesto a tomar una decisión sobre el nuevo calendario antes de la próxima reunión de septiembre.
El cambio sería uno de los más significativos en la operación del banco central en décadas.
Disidencia interna y tasas sin cambios
En esa segunda reunión bajo la presidencia de Warsh, el comité decidió mantener las tasas de interés sin cambios. Sin embargo, la votación reveló una fractura interna: tres funcionarios votaron a favor de subir las tasas en lugar de sostenerlas.
Tras la reunión, Warsh subrayó en repetidas ocasiones el compromiso de la Fed con la reducción de precios. «We will not hesitate to act», declaró el presidente del organismo, según recoge la fuente.
Menos ruido, más señal
Desde que emergió como candidato para dirigir la Fed, Warsh ha prometido reducir el tipo de declaraciones monetarias extensas que caracterizaron a sus predecesores y que con frecuencia generaban volatilidad en los mercados. Recortar la frecuencia de las reuniones sería coherente con esa filosofía.
Lectura de Ágora Capital
La propuesta de Warsh apunta en la dirección correcta. Ocho reuniones al año, cada una acompañada de conferencias de prensa, minutas y declaraciones escalonadas, convirtieron a la Fed en una fuente permanente de ruido que distorsionaba la formación de precios y alimentaba la especulación de corto plazo. Capital busca reglas claras, no calendarios de incertidumbre programada.
Menos reuniones significan menos oportunidades para que el aparato burocrático del banco central mueva mercados con palabras en lugar de con hechos. Si la Fed habla menos y actúa con más convicción cuando lo hace —como sugiere el «will not hesitate to act» de Warsh—, la señal monetaria gana credibilidad y el riesgo país para los activos denominados en dólares se reduce. El mercado ya votó durante años que la verborrea de la Fed era un costo, no un beneficio.


