El dato llegó sin fanfarria pero con peso histórico. Durante el primer semestre, el petróleo crudo desplazó a la harina de soja como principal producto individual de exportación de Argentina. El boom de Vaca Muerta consumó un cambio que ningún plan económico había logrado por decreto: diversificar la base de divisas del país.
Durante décadas, el campo cargó solo con esa responsabilidad. Cualquier analista podía calcular el ingreso diario de divisas del sector agroindustrial y, a partir de allí, proyectar el precio del dólar y la capacidad de compra de reservas del Banco Central. Esa centralidad convertía a empresas como Cargill, Bunge, Dreyfus o AGD en blanco predilecto de cada ministro de Economía con sed de dólares: retenciones, tipos de cambio diferenciales, el llamado «dólar soja». El campo pagaba la factura de todos.
Hoy esa lógica se fractura. Energía y minería se suman como generadores genuinos de divisas, y el campo empieza a compartir una carga que nunca pidió. El ejecutivo de una cerealera citado en la fuente lo resumió con alivio: es una derrota dulce.
El ministro Caputo ya ensayó la nueva aritmética. En septiembre del año pasado, en plena corrida contra el peso, eliminó temporalmente las retenciones a la soja y otros productos para capturar unos 7.000 millones de dólares. En paralelo llamó a las petroleras, que en ese momento no tenían liquidez para acompañar el pedido. La prueba fue parcial, pero el esquema quedó trazado: ante una crisis cambiaria, el Gobierno dispone ahora de tres ventanillas, no de una.
Más allá de las urgencias, el reordenamiento tiene dimensión estructural. Cerealeras y petroleras, históricamente enfrentadas por los biocombustibles, convergen hoy ante una promesa comercial con Europa, donde ambos sectores esperan colocar combustibles con participación creciente de origen vegetal. AGD, Dreyfus, YPF y PAE ya mantienen conversaciones. El próximo gran mercado apuntado es el combustible para aviones y barcos. Daniel González, secretario de Coordinación de Energía y Minería, impulsa el proyecto de ley de biocombustibles que el Gobierno espera aprobar en el Congreso.
La minería completa el triángulo. Roberto Cacciola, jefe de la cámara empresaria minera CAEM, compartió mesa central con Horacio Marín de YPF y Nicolás Pino de la Sociedad Rural en el coloquio por los 160 años de la SRA. Hace pocos años, según la fuente, lo habrían ubicado cerca de la puerta. Hoy los grandes jugadores del agro ya no ven a la minería como enemigo: los grandes proyectos están lejos de la frontera agrícola y, además, el crecimiento del cobre y el litio podría favorecer una baja de retenciones a soja, trigo y maíz. Incluso circula la idea de que mineras como Río Tinto y empresas agroindustriales podrían asociarse para operar el Belgrano Cargas.
Desde Ágora Capital, el cuadro es nítido: cuando el Estado deja de ser el único árbitro del flujo de divisas, los sectores productivos encuentran incentivos para cooperar en lugar de competir por sobrevivir a la presión fiscal. La diversificación exportadora no es un eslogan; es la única vacuna duradera contra el ciclo de retenciones, corridas y devaluaciones que drenó productividad argentina durante generaciones. Capital busca reglas claras, y la nueva geometría de poder —campo, energía, minería— tiene más músculo para exigirlas y más razones para sostenerlas.


