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Un colaborador de Forbes propone desmantelar arsenales convencionales y nucleares como única salida a la escalada global

El analista William Hartung presenta la iniciativa SCRAP, que aboga por el desarme general y completo, argumentando que reducir solo armas nucleares no garantiza la paz mientras los arsenales convencionales —incluidos drones y misiles balísticos— siguen proliferando.
Imagen ilustrativa
domingo 2 de agosto de 2026

El mundo acumula riesgos simultáneos: un conflicto abierto en Medio Oriente, una nueva carrera armamentista nuclear, el despliegue acelerado de sistemas controlados por inteligencia artificial y un deterioro generalizado del respeto a los acuerdos internacionales. Así lo plantea William Hartung, analista de defensa y colaborador de Forbes, en un artículo publicado el 2 de agosto de 2026.

Hartung introduce la iniciativa SCRAP —Strategic Concept for the Removal of Arms and Proliferation— cuyo objetivo central es retomar la meta original de las Naciones Unidas: el desarme general y completo, que abarque tanto armas nucleares como convencionales.

El argumento técnico es preciso. Según el analista, «fuentes creíbles han informado que Estados Unidos ha desplegado misiles balísticos lanzados desde submarinos (SLBM) con ojivas convencionales». El problema: todos los demás SLBM estadounidenses llevan ojivas nucleares. Si un adversario detecta el lanzamiento, la suposición natural —y razonable, según Hartung— es que el misil es nuclear, lo que podría desencadenar una respuesta atómica. El riesgo de escalada catastrófica no proviene solo del armamento nuclear, sino de la ambigüedad entre sistemas.

El segundo eje del argumento apunta a la política de cambio de régimen. Hartung señala que Estados Unidos utilizó fuerza convencional para derrocar o intentar derrocar líderes en Irak, Libia e Irán —todos ellos Estados sin armas nucleares—. El único líder del llamado «eje del mal» de George W. Bush que permanece en el poder es Kim Jong Un, quien sí posee arsenal nuclear. La conclusión del analista: la política de cambio de régimen incentiva la proliferación, porque los adversarios perciben las armas nucleares como un seguro de vida frente a la intervención militar exterior.

Para Hartung, reducir únicamente los arsenales nucleares no resuelve el problema estructural. La precisión y el poder destructivo de las armas convencionales modernas —especialmente los drones, baratos y ampliamente disponibles— las convierte en vectores capaces de sostener conflictos prolongados y de alimentar escaladas imprevistas.

La propuesta SCRAP, cuyo detalle el autor promete desarrollar en entregas posteriores, plantea un marco amplio que combina reducción de armamentos nucleares y convencionales como condición necesaria para una estabilidad duradera.

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Desde Ágora Capital, el análisis de Hartung merece leerse con atención, aunque su marco prescriptivo —desarme general y completo— choca con una realidad geopolítica que premia la disuasión y castiga la ingenuidad. El mercado de defensa, los flujos de inversión en tecnología militar y la arquitectura de alianzas que sostiene el orden liberal no desaparecen por decreto. Lo que sí señala con rigor el texto es un problema de diseño institucional: cuando las señales son ambiguas —un misil convencional indistinguible de uno nuclear—, el riesgo sistémico se dispara independientemente de las intenciones. Capital busca reglas claras, y en materia de seguridad global, la ambigüedad tiene un costo que los mercados ya están descontando en primas de riesgo país y en el redireccionamiento del gasto público hacia defensa en detrimento de inversión productiva.

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