El presidente ucraniano Volodimir Zelenski reivindicó este lunes ataques de largo alcance contra instalaciones logísticas y un depósito de petróleo en la región de Moscú, a más de 400 kilómetros de la frontera ucraniana.
En un mensaje en redes sociales, Zelenski destacó el papel de la unidad de sistemas no tripulados, misiles y artillería, las Fuerzas de Operaciones Especiales y la Inteligencia ucraniana en la operación. «La región de Moscú. Nuestras sanciones de largo alcance han dado resultados contra instalaciones logísticas y un depósito de petróleo», escribió.
Paralelamente, Kyiv reportó golpes navales en el mar Negro: dos petroleros de la denominada «flota fantasma» —buques que, según Ucrania, Rusia emplea para eludir las sanciones internacionales— y cuatro buques de carga fueron atacados en la misma jornada.
Zelenski enmarcó las acciones como respuesta directa a los bombardeos rusos sobre ciudades ucranianas. «Estamos respondiendo, con toda justicia, a cada ataque ruso contra nuestras ciudades y comunidades», afirmó, y reiteró su estrategia de llevar la presión al territorio ruso como palanca para forzar negociaciones. «Hay que poner fin a esta guerra, y eso solo es posible aumentando la presión sobre la única responsable de ella: Rusia», agregó.
Los ataques a la «flota fantasma» tienen una dimensión económica directa: esa red de buques ha permitido a Moscú mantener flujos de exportación de hidrocarburos pese al régimen de sanciones occidentales, sosteniendo ingresos que financian el esfuerzo bélico. Cada golpe a esa cadena logística es, en la práctica, una intervención sobre la caja de guerra del Kremlin.
Desde Ágora Capital, la lectura es clara: la guerra de recursos importa tanto como la de territorio. Ucrania apuesta a que degradar la infraestructura energética y la logística de exportación rusa eleve el costo político y fiscal de continuar el conflicto para Moscú. El mercado de crudo ya observa con atención cualquier señal de escalada en el mar Negro; la «flota fantasma» no es solo un instrumento de evasión de sanciones, es un eslabón crítico del flujo de caja con el que Rusia sostiene su maquinaria militar. Presionar ese eslabón es, quizás, la palanca más eficiente que Kyiv tiene a su alcance sin depender exclusivamente del suministro de armamento occidental.


