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Trump usa el arsenal chavista para demoler la credibilidad del armamento ruso

El presidente estadounidense citó las multimillonarias compras militares de Venezuela a Moscú —cazas Sukhoi, sistemas S-300 y Buk— como prueba de que el equipamiento ruso no se traduce en capacidad operativa real.
Imagen ilustrativa
martes 28 de julio de 2026

Donald Trump utilizó el historial militar venezolano como argumento para minimizar las denuncias del presidente ucraniano Volodímir Zelenski sobre una supuesta cooperación entre Rusia e Irán en materia de inteligencia satelital.

Cuando fue consultado sobre las declaraciones de Zelenski —quien afirmó que Moscú habría suministrado imágenes satelitales a Teherán para identificar posiciones estadounidenses en el Golfo— Trump respondió que primero verificará la información. «Averiguaremos si es cierto. Le preguntaré a Putin», declaró el mandatario.

Pero aprovechó la pregunta para lanzar una crítica más amplia al armamento ruso. «Venezuela tenía todo equipo ruso», afirmó Trump. «¿Cómo les fue? No muy bien. Así que puede que estén proporcionando equipo, pero si es así, no ha funcionado porque no tienen ejército, ni fuerza aérea, ni nada».

La referencia no es arbitraria. Durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Venezuela se convirtió en uno de los principales compradores de material militar ruso en América Latina. Entre las adquisiciones figuran cazas Sukhoi Su-30MK2, sistemas de defensa antiaérea S-300VM Antey-2500 y Buk-M2E, además de vehículos blindados y fusiles de fabricación rusa. Caracas presentó esas compras como una medida para fortalecer su capacidad defensiva frente a posibles amenazas externas.

Trump insistió en que esas inversiones —multimillonarias según la fuente— no se tradujeron en una mayor capacidad militar operativa. «No ha tenido mucho impacto porque lo hemos derrotado por completo», sostuvo.

El contexto inmediato es la tensión en el Golfo: Irán suspendió ataques mientras avanza un proceso diplomático con Washington, y Trump se mostró optimista sobre un posible acuerdo, aunque advirtió que reanudaría los ataques si la diplomacia fracasa.

El caso venezolano ilustra con precisión el costo de subordinar la política de defensa a alianzas ideológicas antes que a criterios de eficiencia y soberanía real. Décadas de petrodólares chavistas fluyeron hacia Moscú a cambio de hardware que, según el propio presidente de Estados Unidos, no generó capacidad operativa alguna. El dinero del Estado venezolano —en última instancia, de sus ciudadanos y de su renta petrolera— financió una apariencia de poder militar que se evaporó sin producir ni seguridad ni disuasión. Capital mal asignado por decreto ideológico: ese es el legado concreto de la alianza Caracas-Moscú en materia de defensa.

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