El presidente Donald Trump firmó este lunes una orden ejecutiva que impone un arancel del 50 % a la mayoría de los productos importados desde Canadá. La medida entra en vigor dentro de treinta días.
Para sustentar la decisión, la Casa Blanca recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición poco utilizada que autoriza al gobierno federal a actuar contra países acusados de aplicar prácticas comerciales discriminatorias contra Estados Unidos.
El nuevo gravamen se suma al régimen vigente desde febrero, cuando Trump impuso un arancel general del 10 % tras la suspensión judicial de medidas previas adoptadas bajo leyes de emergencia. La suma acumulada eleva la presión arancelaria a niveles sin precedente en la relación bilateral.
Qué queda exento y qué no
La orden ejecutiva excluye la energía, la potasa, los minerales críticos y el pescado. Sin embargo, alcanza a bienes que hasta ahora gozaban de protección bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), lo que abre un frente de tensión jurídica sobre la vigencia del acuerdo.
El texto también endurece las reglas contra el transbordo: las mercancías desviadas a través de terceros países para eludir el pago del arancel quedarán sujetas a un recargo adicional del 40 %.
Las justificaciones de Washington
La Casa Blanca enumeró tres cargos concretos contra Ottawa: restricciones al acceso de productos lácteos estadounidenses, aranceles elevados sobre determinados bienes agrícolas e impuestos sobre servicios digitales. A eso sumó las represalias que Canadá aplicó en respuesta a medidas comerciales anteriores de Washington.
Días antes de la firma, Trump había amenazado a Canadá en Truth Social con nuevos aranceles por el humo de los incendios forestales en Manitoba, Saskatchewan y Ontario, que generó alertas sanitarias en ciudades del Medio Oeste y el noreste de Estados Unidos. El mandatario acusó al gobierno canadiense de no gestionar adecuadamente sus bosques y estimó el costo del deterioro en la calidad del aire como «incalculable». La orden ejecutiva, no obstante, se fundó formalmente en las prácticas comerciales, no en los incendios.
Lectura de Ágora Capital
La señal de Washington es inequívoca: el acceso al mercado más grande del mundo tiene un precio, y ese precio sube cuando el socio comercial mantiene barreras asimétricas. Que Trump haya activado la Sección 338 de 1930 —no las leyes de emergencia que la justicia frenó— revela una arquitectura legal más sólida para sostener los aranceles ante eventuales impugnaciones.
El verdadero costo lo absorberán los sectores canadienses que exportan bajo T-MEC: manufacturas, agroalimentos procesados y tecnología. Capital busca reglas claras; la incertidumbre sobre qué queda dentro o fuera del tratado es, por ahora, el mayor riesgo para las cadenas de suministro integradas en América del Norte.


