Donald Trump celebró este lunes la salida de plantas de producción de México hacia Estados Unidos durante un mitin en Milford, Michigan, donde también visitó una planta de General Motors.
«Durante años vimos cómo las empresas movían su producción a Méjijo», dijo Trump ante la audiencia, adoptando la pronunciación que atribuyó a la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum. «Hay una presidenta muy agradable de México, ya lo saben, habla muy bien y lo llama Méjijo», añadió el mandatario.
Trump defendió que, gracias a sus aranceles, las empresas han regresado a territorio estadounidense. «Estamos construyendo más fábricas de automóviles y más plantas que en ningún otro momento de la historia de nuestro país», afirmó.
Antes del mitin, el presidente recorrió la planta de General Motors en Milford y se declaró un mandatario que «por fin» defiende a los trabajadores de la industria automotriz. Sobre la automotriz con sede en Detroit, señaló: «Han avanzado mucho. Es increíble lo que los aranceles están haciendo por GM». Se negó a entrar en detalles sobre los beneficios concretos que habría otorgado a la empresa.
A principios de mes, Toyota anunció que trasladaría la producción de la pick up Tacoma, que actualmente se fabrica en México, a Estados Unidos. El movimiento se inscribe en la tendencia que Washington busca acelerar con su política arancelaria.
En paralelo, el gobierno mexicano informó que un nuevo arancel sustituye al vigente y que «no hay cambios», según declaraciones del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, tras concluir la tercera ronda de revisión del T-MEC. Estados Unidos también renovó el arancel de 10% con exenciones para bienes que cumplen el tratado.
Trump cerró su mensaje con una frase que resume la doctrina comercial de su administración: «El resto del mundo no me quiere, pero está bien. Se llama Estados Unidos primero».
Desde la perspectiva de Ágora Capital, la secuencia es legible: cuando un gobierno eleva el costo de producir fuera de sus fronteras, el capital recalcula. Toyota y GM no son ideología; son flujo y margen. La pregunta relevante para México no es si Trump exagera en el mitin, sino cuántas decisiones de inversión ya se tomaron en silencio antes de que encendiera el micrófono. La libre empresa responde a incentivos, no a discursos, y los aranceles son el incentivo más contundente que Washington ha puesto sobre la mesa en décadas. El costo de ignorarlo lo pagará la planta que no se construyó, no el funcionario que firmó el decreto.


