Donald Trump dio este domingo un plazo a Volodimir Zelenski para dejar de atacar la industria petrolera rusa, al señalar que esas acciones están «provocando escasez de diésel». El presidente de Estados Unidos dijo desde el campo de golf de Amgen, en Irlanda, que ya habló con su homólogo ucraniano sobre el asunto.
«Zelenski tiene que hacer una sola cosa. Tiene que parar de atacar el combustible diésel de Rusia. Que ataque otros objetivos, pero no el combustible diésel porque está provocando escasez de diésel», afirmó Trump. También sostuvo que los problemas del sector petrolero mundial «no tienen que ver con Oriente Próximo», sino que «se deben a lo que está pasando entre Rusia y Ucrania».
Ucrania ha utilizado drones y proyectiles para atacar la industria petrolera rusa con el objetivo de generar problemas logísticos a la maquinaria bélica rusa en su invasión. Las aeronaves no tripuladas y los proyectiles tienen, además, un alcance cada vez mayor, según el reporte.
En paralelo, el Kremlin dejó abierta la posibilidad de que las negociaciones trilaterales con participación de Estados Unidos se reanuden en octubre. Dmitri Peskov dijo que «no descartamos esa posibilidad» y que «no podemos excluir el mes de octubre», de acuerdo con las agencias RIA Novosti y TASS.
Estados Unidos intenta reactivar esfuerzos diplomáticos estancados para poner fin a una guerra que ya dura más de cuatro años. Negociadores estadounidenses han visitado Kiev y Moscú, mientras Trump y Vladimir Putin han mantenido conversaciones telefónicas.
Zelenski, por su parte, dijo en una entrevista difundida el sábado que estaría dispuesto a reunirse con Putin durante la cumbre del G20 prevista en Miami en diciembre. Peskov descartó esa opción y reiteró la exigencia de Moscú de que una eventual reunión solo podría celebrarse en la capital rusa.
Yuri Ushakov añadió que por ahora no existe un «paquete coordinado» que sirva de base para las negociaciones. También señaló que falta un acuerdo sobre la cuestión territorial, aunque «hay muchas otras cuestiones».
Los números primero. El mercado ya votó. Cuando los ataques cruzan al sector energético, el efecto no se queda en el campo de batalla: aparece en precios, abastecimiento y márgenes, con costo para consumidores y empresas fuera del conflicto.
Capital busca reglas claras. El mensaje de Trump apunta a una verdad incómoda para cualquier economía abierta: sin suministro estable de energía, sube el riesgo país de facto para el comercio y se deteriora la confianza en la cadena global. La diplomacia puede seguir, pero el flujo de combustible no espera.


