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Trump menciona a la Argentina en el cupo libre de aranceles, pero el país queda afuera por su propia cuota

El presidente estadounidense se equivocó al citar el origen de las 300.000 toneladas de carne picada sin aranceles: Brasil capitaliza la apertura mientras Washington ordena nuevas reglas para sus rancheros.
Imagen ilustrativa
sábado 5 de septiembre de 2026

Donald Trump cometió un traspié verbal en el Salón Oval de la Casa Blanca. Consultado por la prensa sobre el origen de las 300.000 toneladas de carne picada que Estados Unidos importará sin aranceles durante 90 días, respondió: «Viene de Argentina, viene de Brasil, viene de un par de lugares más». Agregó que la carne de esos países «está muy limpia, es muy buena».

El dato no se sostiene. Según confirmaron a LA NACION fuentes de ámbitos privados y gubernamentales, «las 300.000 toneladas excluyen a países que gozan de contingentes, como es el caso de la Argentina, Australia, Nueva Zelanda». La Argentina ya cuenta con una cuota propia de 100.000 toneladas, y por eso no puede sumarse al nuevo cupo. Tampoco pueden hacerlo Uruguay, Australia y Nueva Zelanda. Brasil, en cambio, sí capta la oportunidad.

La medida busca contener la suba de precios en Estados Unidos tras una fuerte baja del stock ganadero, que Trump atribuyó a una merma ocurrida durante la gestión de Joe Biden. Según el mandatario, los rancheros estadounidenses buscan ahora reconstruir existencias y, a la vez, presionan para que los precios bajen: la carne importada se venderá un 25% por debajo de los valores de mercado.

En el mismo encuentro, Trump firmó dos órdenes ejecutivas adicionales bajo la consigna «Rancheros primero». Una instruye a los Departamentos del Interior y de Agricultura a actualizar las normas de compensación por pérdidas causadas por depredadores y a facilitar la eliminación letal cuando sea necesario. La otra ordena al Departamento de Agricultura, junto con el Representante Comercial de Estados Unidos, revisar el etiquetado obligatorio de país de origen de los productos cárnicos. También se amplían los programas de envío interestatal para que más carne inspeccionada a nivel estatal pueda cruzar fronteras entre estados, y se prioriza la carne local en el gasto federal de instalaciones estatales y federales.

Los números primero: el cupo de 300.000 toneladas es una apertura acotada y selectiva, no una liberalización general del comercio de carne. Washington abre la puerta a Brasil mientras mantiene cerrado el paso adicional a un socio que, según el propio Trump, produce carne «muy limpia» y «muy buena». La contradicción no es menor para quienes leen la política comercial como una cuestión de reglas claras: un elogio retórico no mueve una cuota ya fijada por decreto.

Capital busca reglas claras, y en este episodio las reglas quedaron intactas pese al entusiasmo verbal del presidente. El mercado ya votó: Brasil gana margen de exportación inmediato, la Argentina sigue atada a su contingente histórico y los rancheros estadounidenses obtienen, además del alivio de precios, un paquete de protección regulatoria —etiquetado de origen, compensación por depredadores, prioridad en compras públicas— que combina apertura selectiva con resguardo doméstico. Es la tensión de siempre entre libre comercio y proteccionismo sectorial, resuelta esta vez a favor del productor local.

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