El 4 de julio entró en vigor una de las medidas de política de ahorro más ambiciosas del gobierno de Donald Trump: las llamadas Trump Accounts, cuentas de inversión con ventajas fiscales diseñadas para menores de 18 años residentes en Estados Unidos.
El mecanismo es directo. Los niños nacidos entre 2025 y 2028 pueden recibir una aportación única de $1,000 dólares del Departamento del Tesoro una vez abierta la cuenta. A partir de ahí, las familias pueden contribuir hasta $5,000 anuales, con el dinero invertido en fondos de acciones estadounidenses y crecimiento diferido de impuestos.
La arquitectura de la cuenta va más allá del núcleo familiar. Los empleadores pueden aportar hasta $2,500 por trabajador al año, cifra que sí computa dentro del límite de $5,000. En cambio, las contribuciones de organizaciones benéficas calificadas, filántropos y gobiernos locales o estatales no cuentan contra ese techo, lo que amplía el universo de financiadores posibles.
Pueden abrir una cuenta los padres, tutores legales, abuelos, hermanos adultos y otros individuos autorizados, siempre que el menor sea ciudadano estadounidense con número de Seguro Social habilitado para trabajar. Los fondos no pueden retirarse antes de los 18 años; al alcanzar esa edad, la cuenta se convierte automáticamente en una Cuenta de Retiro Individual (IRA) tradicional, sujeta a las reglas habituales de ese instrumento.
Los números ilustran el potencial. Si una familia aporta el máximo de $5,000 anuales durante 18 años y obtiene un retorno promedio del 7% anual —dentro de los parámetros históricos del mercado de renta variable estadounidense—, la cuenta acumularía aproximadamente $170,000 al llegar a la mayoría de edad, según los cálculos presentados en la fuente.
La iniciativa no ha estado exenta de crítica política. Legisladores demócratas han cuestionado el programa, aunque figuras como el gobernador demócrata de Maryland, Wes Moore, la han calificado de «política inteligente», según recoge la fuente. La copresentadora de The View Sunny Hostin también elogió públicamente la medida.
La lectura de Ágora Capital es que, más allá del debate partidario, la lógica de fondo es impecable desde la perspectiva del libre mercado: el Estado no redistribuye, capitaliza. En lugar de ampliar el gasto corriente o crear nuevas burocracias, el mecanismo coloca capital productivo directamente en manos de familias y lo dirige hacia el mercado de renta variable. El efecto compuesto hace el resto.
El verdadero test llegará con la adopción masiva. Una cuenta de $170,000 al cumplir 18 años no es solo un activo: es el punto de partida para la independencia financiera de una generación. Capital busca reglas claras, y las Trump Accounts, al menos en su diseño, ofrecen exactamente eso.


