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Terremoto dejó 91 puentes y 468 vías dañadas: Colombia debate industrialización para reconstruir más rápido y más seguro

El sismo del 10 de agosto expuso las brechas de calidad en la infraestructura colombiana. Expertos apuntan al prefabricado y la normativa sismorresistente como la ruta más eficiente para recuperar la conectividad.
Imagen generada con IA
martes 8 de septiembre de 2026

El sismo del 10 de agosto dejó una factura de infraestructura que Colombia no puede ignorar. Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), con corte al 3 de septiembre, la emergencia registró afectaciones en 91 puentes vehiculares, 13 puentes peatonales y 468 vías distribuidas en 16 departamentos.

La magnitud del daño reabrió un debate técnico y de política pública: cómo reconstruir más rápido sin sacrificar los estándares que determinan si una estructura sobrevive al próximo evento sísmico.

Armenia, el caso que habla por sí solo

Entre las ciudades afectadas, Armenia emerge como referencia. La Alcaldía contabiliza 12.119 estructuras con algún nivel de afectación —una cifra que iguala o supera la de otras capitales en alerta roja—, pero registra la menor cantidad de fallecidos entre las cinco capitales analizadas.

Juan Francisco Correal, profesor titular de Ingeniería Civil de la Universidad de los Andes, atribuye ese contraste a las lecciones del terremoto de 1999: tras ese evento, Armenia comenzó a construir bajo criterios de sismorresistencia más exigentes. El dato es elocuente: más daño material, menos vidas perdidas. Eso es exactamente lo que debe hacer una norma bien aplicada.

Industrialización: velocidad con trazabilidad

Correal señala que los sistemas prefabricados pueden ofrecer respuesta rápida para recuperar conectividad, pero su aporte técnico más relevante es la trazabilidad y homogeneidad de los materiales. La industrialización permite controlar las condiciones de fabricación de manera que el vaciado en sitio no siempre garantiza.

Vladimir Urzúa, ingeniero estructural chileno y líder técnico de Preansa Colombia, agrega otro ángulo: producir elementos en planta reduce los márgenes de error propios de la obra en terreno y hace el comportamiento estructural más predecible ante cargas sísmicas. Urzúa también recuerda que países como México endurecieron sus normas tras grandes desastres, un patrón que se repite en la región.

Sin embargo, tanto Correal como Urzúa son explícitos: la velocidad de construcción no puede estar por encima de los estándares de seguridad estructural. Ninguna urgencia política justifica saltarse la norma.

El cuello de botella logístico

Claudio Rojas, gerente general de Preansa Colombia, advierte que la industrialización no puede analizarse solo desde la capacidad de fabricar en planta. Muchas de las vías afectadas dificultan el ingreso de piezas prefabricadas de gran formato. En ese escenario, Rojas plantea evaluar plantas móviles de producción que permitan fabricar elementos directamente en el lugar de construcción.

Rojas también subraya la necesidad de vincular a constructores y entidades territoriales desde las primeras etapas de planificación, para identificar qué soluciones de gran formato son viables en cada corredor afectado.

La lectura de Ágora Capital

Lo que el terremoto del 10 de agosto puso sobre la mesa no es solo un problema de ingeniería: es un problema de instituciones y de incentivos. Armenia demuestra que las normas sismorresistentes, cuando se aplican con rigor, salvan vidas incluso cuando el daño material es cuantioso. El resto del país debería tomar nota.

La reconstrucción es también una oportunidad para que el sector privado —con tecnología, trazabilidad y escala— demuestre que puede ejecutar más rápido y mejor que la obra pública tradicional. Capital e innovación buscan reglas claras; el Estado debe proveerlas y luego quitarse del camino.

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