Un feroz temporal azotó la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense al caer la noche del viernes, dejando un saldo de inundaciones, destrozos y miles de hogares a oscuras.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) había activado una alerta naranja para el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) antes del evento. Durante el pico de la tormenta, cerca de la medianoche, unos 55.000 usuarios de Edesur y 12.000 de Edenor quedaron sin suministro eléctrico, según informó el Ente Nacional Regulador de Electricidad (ENRE). Las localidades afectadas incluyeron Quilmes, San Vicente, Claypole, Escobar, Garín, Moreno y la zona de Nordelta.
La Plata y su área metropolitana figuraron entre las zonas más castigadas: calles y avenidas quedaron cubiertas de agua a los pocos minutos de iniciado el temporal. Avellaneda, Lanús y Quilmes también sufrieron anegamientos severos. En la localidad de Salto se contabilizaron ocho techos volados.
El director de Defensa Civil bonaerense, Fabián García, señaló que las localidades de El Destino, Las Acacias, San Felipe y parte del centro de Campana permanecían sin energía eléctrica al momento de su declaración. Sin embargo, afirmó que «la situación está controlada» y que Salto ya tenía el suministro restablecido.
En el transporte aéreo, el impacto también fue significativo. Aeroparque registró alrededor de 23 demoras, incluyendo 2 desvíos y 6 salidas retrasadas, mientras que el Aeropuerto de Ezeiza acumuló cerca de 7 demoradas en llegada y 5 partidas afectadas.
De cara al sábado, el SMN activó una alerta amarilla que abarca el AMBA, sus alrededores y la Costa Atlántica, con riesgo de «interrupción momentánea de actividades cotidianas». Las autoridades recomendaron evitar salir del hogar, limpiar desagües, desconectar electrodomésticos ante posible ingreso de agua y alejarse de puertas y ventanas.
Lectura editorial. Los temporales severos no son novedad en el AMBA, pero cada episodio vuelve a exponer la misma ecuación: infraestructura eléctrica frágil, drenaje insuficiente y un Estado que reacciona en lugar de anticipar. Cuando 67.000 usuarios pierden luz en una sola noche y los aeropuertos entran en caos, el costo lo absorben los ciudadanos y las empresas, no el aparato burocrático que administra las concesiones. La pregunta que el mercado y los contribuyentes tienen derecho a formular es sencilla: ¿cuánto del canon regulatorio que pagan Edesur y Edenor se reinvierte en resiliencia de red? La respuesta, una vez más, quedó escrita en los cortes.


