El gobierno de facto talibán firmó el 7 de septiembre un contrato de exploración y extracción de petróleo y gas con la empresa saudí Delta International Company. El acuerdo cubre la cuenca de Kushk-Tirpul, en el oeste de Afganistán, tiene una duración de 25 años y contempla una inversión inicial de 200 millones de dólares.
La firma se realizó en presencia del viceprimer ministro talibán para Asuntos Económicos, el mulá Abdul Ghani Baradar Akhund, según confirmó a EFE el jefe de gabinete de esa cartera, Mohammad Hassan Haqyar. También asistieron el ministro de Minas y Petróleo, Hidayatullah Badri; el gobernador del banco central afgano, Noor Ahmad Agha; y el director ejecutivo de Delta International Company, Shaher Al-Taqi.
Entre los presentes figuró además el exdiplomático estadounidense Zalmay Khalilzad, antiguo representante especial de Estados Unidos para Afganistán y figura central de las negociaciones de Doha que precedieron a la retirada estadounidense de 2021. Khalilzad señaló, según el medio local Tolo News, que «Afganistán puede actuar como puente entre estas dos regiones» y expresó la expectativa de que el país «se convierta en una importante fuente de recursos naturales para los mercados mundiales, especialmente para el mercado del sur de Asia».
La empresa saudí comenzará la exploración en siete bloques de la zona de Kushk. La cuenca de Kushk-Tirpul se extiende entre las provincias occidentales de Herat y Badghis y abarca aproximadamente 22.000 kilómetros cuadrados.
El contrato se enmarca en la estrategia talibana de atraer inversión extranjera y monetizar los recursos minerales y energéticos del país desde que retomaron el poder en 2021, pese al aislamiento diplomático y a las restricciones de acceso al sistema financiero internacional que pesan sobre Kabul.
El mercado ya votó con un número concreto: 200 millones de dólares de capital privado saudí dispuesto a entrar donde los gobiernos occidentales no llegan. El dato ilustra una tensión que Ágora Capital ha señalado antes: el aislamiento diplomático no detiene los flujos de capital cuando los recursos son suficientemente atractivos; solo desplaza a los actores. Que sea una empresa del Golfo —y no occidental— la que acceda a la cuenca de Kushk-Tirpul dice más sobre el costo real de las sanciones indiscriminadas que cualquier comunicado de política exterior. Capital busca reglas claras; cuando no las encuentra, busca simplemente recursos.


