El rediseño arancelario que entró en vigor el 24 de julio dejó a México en una posición relativamente cómoda frente a sus competidores globales. Así lo concluye Global Trade Alert en su reporte The US tariff level barely moves as Section 122 lapses as two Section 301 duties take its place: los productos mexicanos que cumplen las reglas de origen del T-MEC quedaron excluidos de los nuevos gravámenes impuestos por la administración Trump.
El cambio de fondo fue estructural, no de magnitud. El recargo temporal de 10% aplicado bajo la Sección 122 fue sustituido por aranceles específicos bajo la Sección 301, dirigidos a 60 economías acusadas de deficiencias en el combate al trabajo forzoso en sus cadenas de suministro. Sin embargo, el arancel promedio ponderado de Estados Unidos apenas se movió: de 11.0% a 11.2%, según los cálculos de Global Trade Alert.
Lo que sí cambió es la distribución del peso. El nuevo sistema diferencia por país y por origen de la mercancía. Aproximadamente 65% de las importaciones estadounidenses procedentes de las economías alcanzadas por los nuevos aranceles quedó completamente excluido del pago adicional, en buena medida por las preferencias comerciales del T-MEC.
Los grandes perdedores son claros. China enfrenta un arancel promedio de 27.2%, mientras que Brasil alcanzó 17.7%, convirtiéndose en dos de los principales afectados por la reconfiguración. Los nuevos gravámenes de 10% y 12.5% cubren alrededor de 99.4% de las importaciones provenientes de las 60 economías investigadas, según informó Reuters, aunque con numerosas exclusiones para productos estratégicos y mercancías amparadas por acuerdos como el T-MEC.
La advertencia de fondo que formula Global Trade Alert es precisa: el beneficio no es automático ni permanente. Las exportaciones mexicanas conservan la ventaja únicamente cuando cumplen con las reglas de origen del T-MEC; los bienes que no califican bajo ese régimen pueden enfrentar un tratamiento distinto conforme a la legislación comercial estadounidense.
El mercado ya votó sobre el valor de las reglas claras. El T-MEC, con toda la fricción política que genera en Washington, sigue siendo el principal activo competitivo de México frente a economías que exportan sin ese paraguas. La pregunta que queda abierta es si la clase empresarial y el aparato productivo mexicano están aprovechando esa ventana con la velocidad y la escala que la oportunidad exige. Capital busca reglas claras, y por ahora el acuerdo regional las provee. Depende del entorno doméstico —certeza jurídica, seguridad, infraestructura— que esa ventaja arancelaria se traduzca en inversión real y no solo en un margen que otros terminen capturando.


