Susan Segal lleva casi 50 años siguiendo la economía argentina. Presidenta y CEO de Americas Society y del Council of the Americas desde 2003, ex socia del grupo Chase Capital en JP Morgan, Segal no suele prodigar elogios en vano. Esta semana viaja a Buenos Aires para encabezar la 23ª conferencia anual del Council, el jueves 20 en el hotel Alvear Palace, junto a la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC). Se esperan unas 700 personas de manera presencial, más socios conectados por streaming desde el exterior.
Entre los oradores confirmados figuran el ministro de Economía, Luis Caputo, y el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. La presencia del presidente Javier Milei aún no está confirmada, aunque, según Segal, suele definirse a último momento.
«Empecé en 1983 y vi de todo»
Segal se declara «bastante optimista» y lo fundamenta con precisión: «El plan del presidente Milei apunta a bajar la inflación de manera sostenida, resolver los problemas fiscales y generar inversión y seguridad, lo que a su vez crea empleo». Agrega que Argentina ya no es solo agricultura, minería y energía: «Ahora también tiene la infraestructura para exportar esa energía», y destaca el polo de emprendedorismo e innovación, citando la apertura del centro de servicios de JP Morgan en el país como señal concreta.
El capital local como puente
Cuando se le señala que la inversión en Vaca Muerta parece motorizada más por empresarios locales que por capital extranjero, Segal rechaza la distinción: «Cuando las empresas argentinas invierten, eso le manda una señal al inversor internacional. No hay demasiado capital argentino fuera del país como para comprar todo lo que hace falta, y ese capital también está volviendo. Para mí, capital es capital». Reconoce, sin embargo, que los proyectos grandes «toman tiempo» y que muchos «ni siquiera habían empezado a planificarse» hasta el cambio de gobierno.
Washington como respaldo
Sobre la relación bilateral, Segal subraya que el vínculo con la administración Trump es «todavía más fuerte» que el histórico entre ambos países, y menciona en particular el respaldo del secretario del Tesoro, Scott Bessent. Su lectura de largo plazo es que la solidez del plan importa más que la identidad del próximo presidente: «No importa quién sea el presidente en la Argentina o en Estados Unidos, mientras crea en el crecimiento del sector privado».
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Los números primero: cuando una ejecutiva con cinco décadas de exposición a mercados emergentes califica un programa económico como «hoja de ruta» y no como ajuste coyuntural, el mercado toma nota. El argumento de Segal sobre el capital local como señalizador es exactamente la lógica que mueve el riesgo país antes de que lleguen los flujos institucionales.
Lo que está en juego es simple: Argentina lleva décadas expulsando inversión con regulación, inflación y default. Cada peso privado que entra hoy —sea de origen local o externo— reduce la prima de incertidumbre para el siguiente. Capital busca reglas claras, y la conferencia del jueves será, una vez más, el termómetro más visible de cuánto crédito le otorga el mundo de los negocios al experimento Milei.


