El senador Arturo Squella volvió a incomodar al oficialismo chileno. Esta semana embistió públicamente contra el biministro del Interior y Secretaría General de Gobierno, Claudio Alvarado (UDI), luego de que este afirmara en Radio ADN que el senador «tiene que aprender a separar los sentimientos de las decisiones».
El detonante fue un chat privado dado a conocer por el medio Ex-Ante, en el que Squella escribió que sería bueno que el subsecretario del Interior, Máximo Pavez, «le pidiera perdón a Juan Pablo Rodríguez —el exsubsecretario de Hacienda que dio positivo a un test de drogas— por el desdén frente al caso, por los trascendidos maliciosos que circulan contra JP y por la irresponsabilidad frente a todo el proceso delicado por definición».
El episodio desconcertó a las filas republicanas. Varios militantes comparten el diagnóstico de Squella sobre el manejo del caso Rodríguez, pero cuestionan la forma. «Es un problema de forma, no de fondo», recalcan fuentes del partido citadas por La Tercera.
No es el primer encontronazo. A fines de abril, Squella ya había remecido al oficialismo al cuestionar públicamente a Alejandro Irarrázaval, jefe de asesores del Segundo Piso y también militante republicano. «Llamaría al Segundo Piso a que tomara las riendas», dijo entonces, y luego lo encaró directamente en un comité político ampliado en La Moneda.
Privatizaciones y agenda propia
Squella también propuso la semana pasada la privatización de Codelco, idea que el partido defiende como un ejercicio legítimo de «mover el cerco». El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se abrió a incorporar capital privado en la empresa. Días después, el senador extendió la propuesta a Correos de Chile y Televisión Nacional.
Esa ofensiva generó críticas incluso dentro del Partido Republicano, especialmente tras el llamado de atención del presidente José Antonio Kast al oficialismo por la proliferación de proyectos. «¿Serán algunos de esos temas los que debieran estar primando en la agenda?», preguntó Kast en una actividad de la Cámara de Comercio de Santiago.
Entre otros temas impulsados por Squella que no figuran como prioritarios para La Moneda están la eliminación del Instituto Nacional de Derechos Humanos, el proyecto «Escucha su corazón» y una acusación constitucional contra Nicolás Grau.
Aunque la evaluación general de Squella como timonel sigue siendo positiva dentro del partido, voces republicanas ya deslizan que el senador se ha «sobregirado» en sus últimas intervenciones.
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El fenómeno Squella ilustra una tensión clásica en cualquier coalición de gobierno: la distancia entre el partido como laboratorio de ideas y el ejecutivo como administrador de prioridades. Que el debate sobre la apertura de Codelco al capital privado haya ganado espacio en la agenda —y que el propio ministro de Hacienda no lo descartara— sugiere que la presión ideológica desde los partidos puede rendir frutos cuando apunta en la dirección correcta. El problema es la disciplina de fuego: una coalición que discute en público sus diferencias de fondo entrega munición a la oposición y distrae capital político que, a cinco meses de gobierno, todavía es escaso. Capital busca reglas claras, y eso aplica también dentro de la alianza oficialista.


