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Solo 14% usa IA a diario: la brecha real está en cómo se gestiona el talento

PwC encontró que 54% de los empleados ya probó IA para su trabajo al menos una vez al año, pero solo 14% la usa todos los días. La discusión, según Andrew Antos, no pasa por dar más acceso, sino por detectar a quienes multiplican productividad.
miércoles 7 de octubre de 2026

Las empresas están enfocando mal la adopción de la inteligencia artificial, sostiene Andrew Antos, CEO y cofundador de Within. En lugar de asumir que el problema es de acceso o de capacitación, dice que la clave está en identificar a los empleados que ya usan mejor las herramientas y les generan más valor a los equipos.

Antos cita una encuesta global de PwC para respaldar su argumento: 54% de los empleados dijo haber usado IA generativa para su trabajo al menos una vez en el último año, pero solo 14% la utiliza a diario. Para él, eso muestra que el obstáculo no es la disponibilidad de la tecnología, sino convertir su uso en un hábito operativo.

El ejecutivo afirma que, en cada despliegue que ha observado, el uso diario no se correlaciona con la edad. También dice que hay siempre un grupo, de entre 5% y 20% de la compañía, que usa las herramientas disponibles 10 veces más que el resto. A ese grupo lo llama «Change Agents».

Según Antos, esos empleados no se definen por el cargo, la antigüedad ni la capacidad técnica, sino por un perfil psicológico: suelen experimentar, detectar procesos rotos y sentir la necesidad de corregirlos. En su visión, son los trabajadores que no solo quieren que el trabajo se haga, sino entender cómo se hace.

Antos también plantea que los mejores desempeños ya operan en un nivel varias veces superior al promedio, incluso antes de la IA. Con la tecnología encima, esa distancia entre los más productivos y el resto se amplía. Por eso, dice, la pregunta correcta no es cómo lograr que 100% de la plantilla use IA un poco, sino cómo liberar a los que ya generan mejoras visibles.

En su planteamiento, el incentivo importa más que la vigilancia. Dice que las personas repiten conductas que reciben reconocimiento con más facilidad que abandonan las que son castigadas. Por eso propone que las empresas den visibilidad a las mejoras reales, siempre que los empleados quieran compartirlas, en vez de usar la IA como herramienta de supervisión.

La lectura empresarial es directa: la productividad no despega por decreto ni por repartir licencias en masa. Despega cuando la organización deja de tratar a todos igual y recompensa a quienes elevan el margen, corrigen procesos y aceleran el flujo de trabajo.

El mercado ya votó. Las compañías que conviertan la IA en capitalización de talento ganarán ventaja; las que la reduzcan a un programa de entrenamiento masivo seguirán gastando dinero sin mover la aguja. Capital busca reglas claras, pero también incentivos claros: sin eso, la burocracia interna termina frenando la innovación.

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